
cine, cortos, personajes

Cuando acabe de ver la película me quedé con el mismo regusto en el cuerpo que cuando acabé de ver el anterior trabajo de este director (Zodiac, 2007). Esto me dio que pensar, sobre todo porque me hace creer que su forma de hacer cine va a ir siempre por los mismos derroteros, crear ilusiones, crear espectativas para al final quedarnos en nada, darnos cuenta que todo ha sido lineal, sin ningún altibajo ni ningún momento de emoción.
Para mi, y soy consciente que esta opinión me va a traer otras en contra, El curioso caso de Benjamin Button, es más de lo mismo, pueden llamarme indolente, que no tengo sensibilidad, que no parezco humano. Pero de verdad que para nada me interesa la historia que nos regala Fincher de una forma totalmente monótona alargándose durante nada menos que ciento cincuenta minutos, para llegar a un final soberbio (todo hay que decirlo), que deja una sensación de redención del director a los espectadores, como si quisiera pedir perdón por no habernos contado casi nada antes.
Benjamin Button (Brad Pitt) es un canto a la inocencia y a la bondad, lo que en ningún momento me parece es que sea un ejemplo de superación. Tanta inocencia (me repito) hace que pensemos que todo es fácil en la vida del protagonista, las únicas trabas que encuentra son las que él mismo se pone, su entorno se comporta de una forma totalmente correcta con él. En ningún momento si quiera piensan en poner en apuros su integridad, toda esta "melaza" narrativa hace que uno acabe empalagándose.
Otra de las cosas que no me gustan son los continuos flashbacks en los que el protagonismo es de Caroline (Julia Ormond), que es la verdadera conductora de la historia a través de la lectura del diario que le entrega su madre en sus últimas horas de vida. Se ha pensado volver una y otra vez a dicho punto que no aporta nada narrativamente hablando, sino que más que le pese a muchos lo que hace es romper el poco ritmo que ya tiene la historia, insisto, tanta ida y vuelta acaba por irritar.
En defensa de todo el trabajo hay que decir que la película es correcta, no tiene grandes errores, su factura es la adecuada, pero creo que es lo menos que se puede pedir ya en el mundo del cine, esto para mi resulta básico, con lo cual no tiene mérito, lo que si lo tiene es el maquillaje, que resulta soberbio se mire por donde se miré. Pero claro a los que amamos el cine, también esto se nos queda corto, a pesar de saber que recibiré palos por todo lo que he escrito me he decidido a hacerlo, porque creo que uno nunca debe engañarse a si mismo, bueno, tampoco a los demás.
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Crearse prejuicios es bastante absurdo, pero como personas que somos y humanos por extensión no podemos evitar incurrir en los mismos errores y crearnos algunas opiniones sobre ciertos aspectos de la vida entre ellos el cine. Aunque luego se nos vengan abajo y tengamos que reconocer que nos hemos equivocado, el caso es que no tenía puestas muchas esperanzas en esta producción y sin embargo cuando estuve fuera de la sala me di cuenta que gratamente tuve que tragarme mis prejuicios.
Nunca hubiera pensado que una entrevista pudiera dar para tanto, que llegará a tenerme en vilo y que te haga estar pendiente de cada escena. Intrigándonos de tal manera que estamos deseosos de más y más a cada escena que pasa, y es que he de reconocer que el ritmo que imprime Howard en la producción es el correcto, aunque todos sepamos lo que va a ocurrir al final y nos lo cuente a su manera, logra que en todo momento mantengamos la expectación.
Una ayuda inestimable que recibe el director en su labor es la del fabuloso personaje de Richard Nixon (Frank Langella) el actor de New jersey. Se introduce de tal manera en el papel que tenemos la plena sensación que estamos ante el único presidente de los Estados Unidos que tuvo que dimitir de su cargo por un caso de corrupción como fue el Watergate, nos muestra una persona con sus maneras y costumbres, un poco más humano de lo que estamos acostumbrados al que aunque no compartamos las ideas que tuvo, acabamos comprendiendo.
Aunque en un principio todo toma una forma similar a la del documental, se podía haber incurrido en el error de trazar el film por los derroteros de las fechas y los datos, ahogándonos entre información que al final tenemos que ir descartando porque somos incapaces de absorverla toda. La historia se basa en la entrevista en si y como se preparó, igual que si habláramos de un combate de boxeo, en el que los dos púgiles se retiran junto con su equipo técnico para encontrar la estrategia que en definitiva le haga ganar por K.O. a su rival, este es el secreto y el total acierto del guión.
Un largometraje que merece muchísimo la pena, principalmente por su trama principal y por la interpretación a la que hacía referencia anteriormente. Aunque este no le acompañen otros actores de mayor calado o al menos que hayan hecho un trabajo medianamente correcto, de entre todos ellos solo destacaría el papel de Jack Brennan interpretado por un aseado Kevin Bacon, del resto mejor no comentar nada porque según lo hacen no nos los podemos creer.
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Es impresionante lo pesado que puede ser a veces ver una película, increíble de verdad, este es uno de esos casos, que insufrible que es la verdad y no contentos con eso encima la han alargado hasta la friolera de los ciento cuarenta minutos. Quizás lo peor no sea la duración, lo que no se salva es el guión que no hay por donde cogerlo, aunque a lo mejor es que no lo hay y en los rodajes entre escena y escena de lucha se les fueron ocurriendo nuevas cosas, el hecho es que aburre soberanamente.
Ya que la historia principal empezaba a aburrirme, decidí ir fijándome en otros aspectos, para por lo menos intentar sacarle algo de partido a la inversión de tiempo que había hecho en ella. Lo primero que uno se da cuenta es que no está ante un episodio histórico versionado, ni nada parecido, estamos ante un ejemplo de cine fantástico con ciertos tonos épicos, pero que a su vez se ve impregnado por elementos modernos de carácter vanguardista, una extraña mezcla que al final da el resultado que da.
Como apuntaba en el párrafo anterior la parafernalia de los interpretes es al menos curiosa, los malhechores están llenos de tatuajes y si no tienen la cara pintada. El tatuaje era algo habitual en Asia desde hace muchos años, pero el de calidad, no estos símbolos tribales de "bacalaero" de tres al cuarto. Mención aparte habría que hacer de las armas, donde más se vuelca la imaginación del equipo técnico, pero aun así todo esto se queda en poco.
Lo más correcto del film es la fotografía de hecho este apartado fue premiado en el festival de Sitges, hay un gran aprovechamiento de los exteriores y no se ha perdido la oportunidad de darle bastante vistosidad a ciertas escenas. Sin embargo el problema es que dichas escenas y estoy hablando sobre todo de las de lucha, se repiten una y otra vez de una forma anodina, como ya hemos visto en multitud de producciones anteriores, luchas larguísimas, atiborradas de efectos especiales y trucos que acaban cansando.
La estructura de la película está totalmente equivocada, aunque al principio pudiera llevarnos a engaño ya que comienza de una manera trepidante, recordándonos una obra del gran maestro Kurosawa ("Los siete samurais"). Todo va tan rápido que al "frenar" nos quedamos sin explicación ninguna para algunas de las cosas que han ocurrido y por tanto desaprovechando nuestro interés, al final vuelve a remontar pero es más de lo anteriormente visto y acabamos preguntándonos porque la alargaron tanto si la solución apareció sobre la primera hora más o menos.
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Hay veces que cuando una película no es buena uno no sabe como acometer la empresa de hablar de ella. Pero es que esta que empezamos ahora me parece un trabajo tan bien hecho que tampoco se por donde comenzar, las interpretaciones son de un tamaño considerable, se podría empezar también por la historia en si que no tiene ningún desperdicio, otro punto de partida podría ser el magistral empleo de cámara que nos hace Mendes durante todo este trabajo, bueno veremos como sigo señores.
Los planteamientos de la misma podrían ser múltiples como a indique con anterioridad, pero quizás el principal de ellos podría ser que vamos a ser testigos de una historia a través de los ojos de un niño de doce años Michael Sullivan jr (Tyler Hoechlin). De como la relación que tiene con su padre cambia desde una noche en la que decide seguirle sin que este los sepa y ver en que trabaja, desde esa lluviosa noche ya nada es igual, aunque lo que ve no es agradable, las circunstancias hacen que la relación entre ambos sea férrea.
Desde el primer momento vemos como esa unión entre padre e hijo pase de ser de lo más austera a la mejor que pueda existir y todo ello sin ser fácil ya que toda ella está basada en la violencia. Un serio y anodino Michael Sullivan (Tom Hanks) a partir de la huida que tiene que hacer hacia adelante, es capaz de ofrecer a su propio hijo la mayor de las aventuras que nunca vivirá, le invita a seguir el camino del "lobo solitario", el de un samurai, al que le han arrebatado todo lo que quería y su huida hacia adelante le obliga a clamar venganza y no cejar en el empeño de conseguirla.
De este modo también se puede considerar que este ronin de nuestro siglo nos adentra es una especie de road movie, sin posible mirada hacia atrás. Todo ello desarrollado en un farragoso entorno como sería la mafia, esta claro que si eres un don nadie que estás tirado en el arroyo y esta te saca de él, dándote una vida, te acabas volviendo un incondicional de su particular modo de ver las cosas. Esto te acaba dando una perspectiva totalmente diáfana de lo que te espera si acabas enfrentándote a ella, pero como en el código del bushido, el honor es primordial para los hombres y aquí va a prevalecer por encima de los intereses tanto de un lado como del otro.
Como he acabado en el párrafo anterior los valores que exhibe la película son múltiples, uno de ellos el del honor, personificado sobre todo en el protagonista. Otro muy importante y de gran protagonismo es el del amor filial, por supuesto el que demuestra Sullivan hacia su hijo aunque le cueste tiempo darse cuenta, por otro lado el que el mismo John Rooney (Paul Newman) profesa al mismo Sullivan. Le quiere como un hijo, aunque no sea de la misma carne ya que su muerte le dolería tanto o más que la de su propio hijo Connor Rooney, interpretado por un Daniel Craig que no desentona del conjunto en absoluto.
Otro que tampoco anda a la zaga es Jude Lawcon el papel del asesino-fotógrafo a sueldo Harlen Maguire, que quizás da el punto de locura que todo trabajo serio necesito para que precisamente nos demos cuenta de la envergadura del proyecto. Por supuesto que los que mejor están de todo el grupo son Newman y Hanks, el primero es obvio, no hay nada que decir su carrera cinematográfica le avala y del más joven decir que no me considero entre sus exacerbados defensores pero que opino que este sea probablemente el mejor de sus papeles hasta ahora.
Si alguien desea saber como se utiliza un cámara para hacer cine, se puede dar una vuelta por esta realización, es increíble. La cantidad de sitios donde la misma se puede colocar, para darnos las distintas perspectivas que nos hagan más atractivo el encuadre. Yo que me considero un defensor de que el maravilloso invento se mueva lo menos posible, he de decir que los movimientos de la misma todavía le dan mucho más énfasis a las situaciones, sacando todo el partido visual que se puede y por supuesto haciéndonos disfrutar de lo lindo a los espectadores.
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Me reconozco un fan de la ciencia ficción, pero como todo en la vida que sea de cierta calidad, la primera sensación que me llevo al concluir el film y comenzar a sacar conclusiones es que he visto una serie B, con aspiraciones de serie A. Por supuesto que todo esto es discutible, que no lo es en esta vida, si se dan una vuelta por la santa biblia del imdb, se darán cuenta que la calificación que los usuarios han dado a esta producción me parece del todo desproporcionada, no es que tenga yo mucha confianza en las notas que aparecen en ella, pero esta les juro que me sorprendió.
La película pretende ser mucho más profunda que lo que realmente es, intenta adentrarse en temas como el amor, la amistad, las relaciones, incluso en la salvación de la humanidad, algo bastante común en el mundo de la ciencia ficción, de hecho nos situamos en un mundo post apocalíptico. Que para ser sinceros son los que más me gustan y los que en general dan mejores resultados en las historias, pero es que hay momentos en los que ni siquiera tenemos la noción de que la situación tenga el peligro que parece tener.
No se porqué pero me recordaba muchísimo a un trabajo de Carpenter que ya vi hace tiempo y que tampoco fue de mi agrado como "Fantasmas de Marte" (2001). Quizás la idea principal sea similar, aunque las diferencias a favor del ejemplo que nos ocupa son notables, aquí la utilización de los efectos especiales es bastante correcta, se puede decir que el entorno, el mundo, las naves, el espacio creado en definitiva es muy atractivo y todo hay que decirlo me gusta, sobre todo en el momento en el que la nave que da título al film echa encima a los "reavers" una especie de seres medio humanos, medio caníbales que no paran ante nada, ni nadie.
Todo esto es correcto y funciona, pero quizás lo que echa todo abajo son las interpretaciones y el poco desarrollo de los personajes, el caso es que cuando estamos en situaciones en las que la propia integridad del ser humano peligra. Parece que según ellos es más importante pelearse entre la propia tripulación de la nave continuamente, lo que se hace cansino, que librarse de sus enemigos, que son los que en realidad pueden poner su vida en peligro.
Quizás el pero personaje de todos y el más desaprovechado, sea el de la semi-protagonista River (Summer Glau), una psíquica que se supone que la Alianza, quien gobierna el sistema planetario de la humanidad la ha convertido en un arma letal. Pero todo esto es intuición de un servidor, porque nada nos explican de ella, ni sabemos donde viene ni donde va, ni siquiera sus probables habilidades, una producción que debería haber ido por los derroteros de la acción, al final acaba yéndose por los caminos de las relaciones personales, en mi opinión algo que está reservado para otro tipo de cine.
Otra cosa que me recordaba a otras películas del género es que parece algo bastante usual que en el futuro los orientales sean los que acaparen todo el mundo comercial, los negocios, las finanzas. Todas las ciudades que vemos se parecen al Tokyo del siglo XX, con caracteres nipones, incluso la forma de luchar en el film se asemeja a las artes marciales y el "malo" lleva una katana corta, quiere esto decir ¿que nuestro futuro dentro de unas décadas pasa por el tamiz asiático?
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