
profesiones, expertos

“Me busco la vida para tener proyectos sinceros y factibles”
Sofía Teixeira, directora portuguesa afincada en Madrid, cuenta con una amplia formación a sus espaldas y varios trabajos en el mundo del cortometraje. Ha estado varios años desarrollando su trabajo como script tanto en cine (“Bajo las estrellas”, de Félix Viscarret) como en televisión (“Motivos personales”, “El internado”...) Ahora prepara su siguiente proyecto, un largo documental. Nos cuenta cómo ha llegado a dedicarse a esto.
¿Cómo has llegado a esto?
En realidad nunca he sabido muy bien qué es lo quería hacer con mi vida. Imagínate que, cuando vivía en Portugal y tuve que elegir universidad, elegí estudiar Física Tecnológica, ya que siempre me habían interesado las ciencias. Si soy sincera, también elegí esa carrera porque mis amigos iban a hacerla. No sabía muy bien qué es lo que quería hacer, ni comerme mucho la cabeza con eso.
Sin embargo tú siempre habías querido ser actriz.
Sí, desde muy pequeña. Siempre me ha gustado y siempre lo he hecho fatal, por eso sabía que no iba a llegar a ser actriz, pero me encantaba el cine, sobre todo el americano, ya que en Portugal lo que más se ve es ese tipo de cine. Era consciente de que era un pésima actriz y había olvidado el tema del cine. Pero el verano antes de empezar la facultad, me enteré de que existía en Madrid la Escuela de Cine y me inscribí en unos cursillos para enterarme un poco de que iba el rollo. Hice un curso de guión magnífico impartido por Lola Salvador que me permitió estar una semana escribiendo guiones y planteando ideas. Fue como enterarme de repente de que hay todo un mundo detrás de las películas, que existe un equipo. Yo no sabía nada de eso. Tenía solo diecisiete años.
Entonces te decidiste a seguir...
Sí, claro. Fue Lola Salvador la que también me insistió mucho en que siguiera. Me apunté a otro curso de ayudante de dirección. Yo quería enterarme bien de cómo funcionaba todo este mundo que me estaba encantando antes de empezar la carrera. Presentía que al comenzar la carrera no tendría tiempo para poder hacerlo. Terminé el curso de ayudante de dirección y volví a la facultad, pero ya me había gustado demasiado el mundo del cine y durante el curso, es más, durante una clase de álgebra, me di cuenta de que la Física no era lo mío y que quería darle una oportunidad al cine. Me sentía muy joven y con muchas ganas.
¿Qué opciones tenías una vez decidido el hecho de intentar dedicarte al cine?
Tenía dos opciones. O me presentaba a la Escuela de cine de Lisboa o a la Escuela de Cine de Madrid. Me presenté en las dos escuelas y afortunadamente fui seleccionada en ambas. En Portugal había trabajado en el medio audiovisual en producción y en documentales. Todas las personas que conocí entonces, me recomendaron que me fuese de allí a estudiar a Madrid. Fue entonces cuando tomé la decisión de venirme a Madrid a estudiar en la ECAM.
¿Qué valoras de tu paso por la escuela de cine?
El haber hecho un poco de todo, tanto de ayudante de dirección, como haber aprendido de montaje, producción, fotografía, etc...
¿Crees que un director de cine debe saber de todas las especialidades o ceñirse a lo suyo y dejar hacer?
No sé, la verdad. En mi opinión, un director, fundamentalmente, tiene que contar historias, tener la necesidad de trasmitir su visión del mundo y ser muy sincero con lo que quiere hacer. Si alguien quiere única y exclusivamente hacerse famoso, también tiene que ser sincero con esa elección. Yo creo, de todas maneras, que cada uno tiene su método y sus expectativas.
¿Cuál es tu método?
A mí me gusta mucho saber un poco de todo. Soy una persona muy dispersa y ecléctica. Me gusta trabajar de script, dirigir mis historias, saber de montaje, me gusta el yoga, las danzas orientales, tocar el piano o la guitarra. Es decir, me gusta saber un poco de todo lo que acaba formando lo que yo soy. También empiezo muchas cosas que nunca he terminado... estoy intentando focalizar un poco toda esa energía en un camino, que es el dirigir.
¿Ahora es el momento?
Creo que sí, he estado trabajando los tres últimos años de script y aprendiendo muchísimo de este trabajo. También me dediqué trabajar en alguna película y en series de televisión. Ahora soy más sincera conmigo y veo que tengo ganas de empezar a contar mis propias historias. Antes necesitaba aprender todavía más, sobre todo acerca de cómo son las cosas fuera de la Escuela de cine.
¿Te costó adaptarte a la dinámica televisiva viniendo de una educación cinematográfica?
No. Me costó entrar en la dinámica de trabajo en sí. Yo era muy niña y necesitaba trabajar para independizarme. Ya me imaginaba la diferencia entre el cine y la televisión. Me interesaba sobre todo formar parte de un equipo de dirección. Una de las posibilidades era ser script. Me parecía un puesto muy interesante para conocer diferentes formas de trabajar, diferentes directores. Es un puesto en el que también estás al lado de los actores y aprendes mucho sobre la dirección de actores, estás leyendo guiones constantemente... Estás muy unido con dirección y estás en contacto con todos los equipos. Me parece fundamental trabajar de script para aprender a dirigir.
¿Cuál es tu mejor experiencia en cine?
Algún corto, como el caso de “DVD”, de Ciro Altabás. También disfruté muchísimo trabajando en la película “Bajo las estrellas”, de Félix Viscarret. Ha sido una experiencia maravillosa para mí, ya que disfruto mucho trabajando con Félix Viscarret. Es una persona extraordinaria. Lo conocí trabajando en un cortometraje llamado “Album Blanco” y, cuando me llamó para trabajar en “Bajo las estrellas”, me brindó una oportunidad muy buena.
¿Qué diferencia has encontrado entre el trabajo en cine y en televisión?
Como script, la dinámica en televisión no es muy diferente de la de cine, sólo tienes que adaptarte a la idea de que es un producto. Por otra parte, creo que dirigir en televisión requiere mayor capacidad de adaptación a la dinámica televisiva. Es un trabajo muy técnico.
Has realizado cinco cortometrajes, ¿has sido “sincera” en todos ellos?
Es muy difícil. Te podría decir que, del que me siento más orgullosa, es “La señorita Zuenig”. Me siento muy identificada con él. También del primero por ser precisamente eso, el primero.
Has realizado también algún videoclip... (preguntar título del grupo y del tema)
Sí, es un formato que me gusta mucho. Hemos hecho este videoclip casi sin medios y ha gustado bastante. Me encanta, porque es un formato para poder experimentar cosas nuevas. Ese mercado está muy mal en España, ya que no hay mucha gente que quiera invertir en el producto, así que, ahora mismo, creo que los videoclips no tienen mucha salida en este país. Tampoco he intentado meterme demasiado en ese campo pero veo muchísimos videoclips, sobre todo extranjeros, admiro muchísimo, por ejemplo, el trabajo de Spike Jonze.
¿Crees que, con los medios que hay al alcance de todos, se podrían hacer más cosas sin necesidad de grandes presupuestos?
Yo creo que el dinero es un problema para todo el mundo. Todo el mundo necesita financiación para sus proyectos. Sí es cierto que hay más medios al alcance de todos, pero también que cada uno hace lo que puede. Yo intento pensar en proyectos que son factibles, al igual que tengo proyectos que sé que son demasiado caros ahora mismo como para poder hacerlos. Me busco la vida para tener proyectos sinceros y factibles.
¿Escribes mucho?
No, nada. Odio escribir. Lo paso fatal. Llevo preparando mi próximo proyecto tres años y realmente me he puesto a escribir el febrero pasado y con una guionista. Me encanta escribir con guionistas, es lo que más me gusta. Sobre todo si la persona se involucra.
¿Cómo directora es más importante la dirección de actores que la planificación?
Es igualmente importante, es lo que decíamos antes. Tienes una serie de herramientas que hay que utilizar de la mejor manera posible para contar algo que llegue al espectador. Da igual como lo hagas, si la planificación es más importante en un momento dado que la dirección de los actores, o viceversa. Lo importante es que el sentido, lenguaje, estética, y forma vayan a favor de la historia en ese momento para expresar y plasmar la sensación que buscas.
¿Con qué directores te sientes más identificada?
No me siento identificada con ningún director, pero me encantan muchísimos directores de diferentes estilos. Me encanta Billy Wilder, Fellini, Claude Chabrol, Bergman, etc.. Me gusta un poco de todo, incluso las comedias adolescentes norteamericanas.
Ahora estás embarcada en un proyecto de documental...
En efecto, es un proyecto en el que tengo puesta mucha ilusión. Es una adaptación de un cómic de José Carlos Hernández, un autor portugués. Parte de la idea de un mundo en utopía, de las utopías de este siglo. Se basa en entrevistas a personajes anónimos y entendidos en el tema. Es un proyecto muy bonito porque todo el equipo nos conocemos y estamos muy ilusionados en realizarlo juntos.
¿Qué le dirías a alguien que quiere comenzar en esto?
Cada uno tiene que hacer lo que le gusta. Si realmente esto te inspira, te llena y te motiva, tienes que intentarlo. Nunca hay un buen momento para empezar en esto. Hay que intentarlo y darte una oportunidad a ti mismo.
Entrevista realizada por Jorge Dantart
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“El movimiento se muestra andando”
Alberto Hernández Leal, nacido en Huelva, aterrizó en Madrid tras estudiar Comunicación audiovisual, para continuar su formación. Director de cortometrajes y documentales, profesor de lenguaje cinematográfico y productor, ha organizado incluso festivales de cortometrajes. Nos cuenta su experiencia y sus sensaciones con el mundo del audiovisal.
¿Cómo has llegado tú a esto?
He llegado desde luego por un gusto y un deseo personal desde hace muchísimos años. A mí el cine y contar historias desde este lenguaje demoníaco que es el cine me ha atraído mucho y también porque he tenido las posibilidades económicas de poder hacerlo. He podido cursar una serie de estudios, y una vez agotada la vida de la formación académica, lo que me apetecía después de diversos trabajos por cuenta ajena era montar mi propia productora.
¿Qué destacarías de toda tu formación?
La clave multidisciplinar. No soy especialista en nada, ningún técnico de prestigio en ningún conocimiento, pero creo que sí tengo una formación amplia, abierta y por así decirlo, de todas las parcelas algo sé y algo controlo.
¿Hay alguna especialidad con la que te sientas más identificado?
Desde el punto de vista de la creación audiovisual es la dirección. Con respecto a asignaturas que hubiese preferido con respecto a otras, pues las que tienen que ver con la historia del cine, con la filmología, con las corrientes del pensamiento político y estético dentro de este siglo de imágenes son las que más me han interesado.
¿Cuáles son las referencias cinematográficas que más te han influido?
Supongo que todas aquellas referencias que pinchan la fábrica de sueños, aquellos equipos de cine que se dedican a contar historias para acercarse más a la pesadilla que al cine, aquellas también en las que la forma de presentar el discurso permiten mayor capacidad de creación al espectador, de unirse a la creación de la historia, más que esas historias en las que todo viene ya cerrado y al espectador lo tratan como si no tuviese cerebro.
De todo lo que has dirigido, de qué te sientes más orgulloso.
No me siento, la verdad, muy orgulloso de nada en particular. Sí me siento orgulloso de haber tenido la capacidad de haber formado equipos para trabajar. De los resultados no me siento orgulloso.
¿En cuánto a tu evolución?
No creo que en mi caso se pueda hablar todavía de evolución porque los trabajos no industriales que he hecho son muy escasos. En mi caso hay un poco como bastonazos a ciegas. Sé lo que no quiero hacer, pero quizás aún no sé lo que quiero hacer. Yo intento ser lo más respetuoso que puedo con el espectador y pensar que éste no quiere relajar su actitud y dejarse llevar por lo que le cuenten, sino que decide discutir e involucrarse con lo que cuente la película.
¿Te sientes más director que escritor?
Me considero más director. La fase de escritura siempre está vinculada a esa realización. No suelo escribir cosas que no estén vinculadas con al idea de llevarla a la pantalla. Creo que en mí imprime más la fragmentación visual de una historia que el sustrato de la escritura. Muchas veces he rodado cosas sin escribirlas, como por ejemplo, las búsquedas, sales a la calle con una idea determinada para rodarla. Haces dos o tres planos, pero sin guión.
¿Qué opinas del concepto de industria?
Para mí el concepto de industria es un concepto muy desde el punto de vista del historiador, es decir, necesitamos agrupar los terrenos del conocimiento en determinados compartimentos. Nos es muy sencillo hablar de la industria española, de la industria norteamericana, de la francesa, etc... pero una vez que te sumerges realmente en cuáles son los elementos de esas industrias... hoy en día es muy fácil darse cuenta de que todo está interconectado,. Eso no quiere decir que determinadas películas no tengan ciertos paralelismos, pero a mí me parece que el concepto de industria se ha impuesto hoy en día más como una barrera a la hora de hacer cosas, que como una llave para permitirte hacerlas.
¿Cuáles son las trabas que nos ponemos hoy en día para no hacer tantas cosas como quisiéramos?
Hoy en día, con la existencia de los medios de grabación y reproducción, que prácticamente están al alcance de los bolsillos de la clase media, ya no te supone poner un filtro, pero sí lo es el tema de la distribución . Hoy en día industria significa aquellos grupos de comunicación que disponen de la llave de la comunicación. Es decir, qué se ve en los cines, qué se ve en la televisión, etc.. Hoy en día hacer un largometraje es algo relativamente sencillo en cuanto a la capacidad técnica, otra cosa es que sea interesante o no, pero claro, rodar en cine, en mini dv, en súper 8, si quieres, no te asegura el interés, pero los medios sí están al alcance de muchas más manos que hace veinte o treinta años.
¿Dónde está la industria?
En la distribución. Ahí sí que es muy difícil que se pueda acceder a las pantallas que controlan un grupo muy selecto de intereses, por eso por un lado el sistema ha abierto la mano en la producción de las historias, ya que hoy en día hay muchísimos festivales en los que se estrenan películas muy baratas que no van a tener nunca una distribución al uso, pero que por eso no tiene menos sentido el hecho de que se hagan, porque probablemente, estamos en una sociedad en la que la audiencia cada vez va a ser más fragmentada. Por lo tanto, las grandes audiencias, recaudaciones o taquillas van a ser más difíciles de conseguir. La nueva industria, por decirlo de alguna manera, será fragmentando la audiencia
A través de tu productora Pasacana habéis realizado prácticamente de todo, también tres documentales, uno de ellos Calle Bardem, comprado por la distribuidora estadounidense Criterium Collectium. Estos documentales surgen de una iniciativa, que era un festival de cine.
Pusimos en marcha un festival de cortometrajes, el festival Juan Antonio Bardém. Esta idea surgió, primero por una vinculación con el Partido Comunista de España, ya que en su fiesta siempre se habían puesto películas, que no habían gozado de demasiado espacio en otros sectores, o en otras carteleras. Entonces se me ocurrió, ya que es una fiesta que generalmente atrae a bastante público joven, hacer un festival de cortometrajes.
¿Cómo te planteaste el arranque de la iniciativa?
Durante un par de años estuve proyectando cortometrajes sin ninguna estructura, sino por el gusto de ponerlos y como un complemento más a las actividades que allí se realizaban. Como vimos que tuvo bastante éxito vimos la posibilidad de reglar todo esto un poquito más. Así que, gracias a la fundación Rosa Luxemburgo y el PCE nos ofrecieron un presupuesto para hacer un presupuesto para realizar un certamen. A partir de ahí nace el Certamen de Cortometrajes Juan Antonio Bardem, que evidentemente tiene su nombre por el famoso director y militante del Partido Comunista.
Y a partir de ahí comenzaron los documentales...
Al ponernos a desarrollar el festival nos damos cuenta de que uno de los elementos que nos gustaría que se incluyese dentro del festival es tener un espacio para Pasacana para hacer documentales. El movimiento se muestra andando, nosotros ponemos trabajo de los demás y también enseñamos el trabajo que nosotros hacemos durante un año.
El primero fue Calle Bardem, ¿qué es para ti Juan Antonio Bardem?
Para mí era un nombre en la historia del cine español, del que yo sólo había visto unas pocas películas, Cómicos, Calle Mayor y Resultado Final y Muerte de un ciclista. Yo al principio tenía una imagen muy enquilosada de este director, sabía que había sido uno de los más importantes durante los 50, pero poco más. Al ponerme a investigar fui sacando líneas de estudio que me resultaban muy interesantes, ya que fue de las pocas personas que en España no solamente hacía películas de gran interés y complejas sino que era un estudioso.
¿Qué fue lo que más te llamó la atención?
Fue una persona que con sus aciertos y errores sí tuvo siempre presente una pregunta que a mí también me asalta cuando me pongo a crear, que ya no es el qué se cuenta de André Bazin sino para qué sirve el cine. Así que las respuestas de Bardem a lo largo de cuarenta años de carrera me resultaban interesantes. Bardem además lo tenía muy claro, siempre desde su perspectiva Marxista y comunista y en función de las condiciones de producción que tuvo en las distintas épocas. A mí la tensión que existe en la obra de Juan Antonio Bardem me parece muy destacable. Yo creo que eso es Calle Bardem. Calle Bardem está hecho no como una agiografía, ni como un repaso de su carrera, sino que está hecho desde la perspectiva de desempolvar las tensiones que en el seno de un creador como éste tenían lugar: su militancia política, su militancia sindical, su concepto estético y sus influencias.
¿Qué destacarías de Circuitos Diego?
El documental de Juan Diego nació a raíz de que era de los únicos actores que nos interesaba a todos los de la productora y que también era una persona vinculada al PC. Sabíamos que ahí teníamos algunas llaves para que le gustase el proyecto.
Pero en el documental ni siquiera lo entrevistáis...
Lo que al principio íbamos a hacer con Circuitos Diego era entrevistarle a él. Esa idea la fuimos desechando porque nos parecía que, mientras Bardem estaba muerto, el hecho de hacer un documental sobre Juan Diego y que él estuviese vivo iba a ser un poco complicado a la hora de atacar ciertos aspectos. Al final prescindimos de la entrevista a Juan y nos dedicamos a entrevistar a aquellas personas que lo conocían desde sus inicios, desde que se va de Bormujos a Sevilla, y de Sevilla a Madrid. Lo más interesante que plantea Circuitos Diego, es la fuerte vinculación que ha habido entre los proyectos elegidos por él a la hora de abordar su carrera cinematográfica y el compromiso político que ha tenido en la sociedad que le ha tocado vivir en cada momento. Juan Diego nunca ha buscado personajes cómodos, siempre ha hecho personajes insolidarios (cuando él es todo lo contrario, de ahí viene lo de Circuitos Diego)
¿Qué son los circuitos Diego?
Pues según Juan Echanove son aquellas personas y circunstancias que rodean a Juan Diego. Juan Diego ha ayudado a mucha gente y los circuitos Diego abarcan desde el lumpen hasta la realeza. Todos además le tratan y él trata a los demás con una forma de familiaridad que hasta que no te metes en esos circuitos Diego no entiendes lo atractivo que es. Hay pocos actores que merezcan un libro por la enjundia de su trabajo.
Y un tercer documental con Federico Luppi...
Con Luppi intentamos dar el salto hacia otra realidad que no fuese la española. Nos apeteció hacerle una entrevista larga porque la situación en Argentina que se estaba produciendo hace dos o tres años nos parecía interesantes. Primero por las revueltas sociales que se habían producido (el corralito) y porque nos parecía que era un punto del planeta en el que se estaba reflejando de una forma más clara las contradicciones del sistema capitalista. Un país rico que vive en la pobreza. Además estaba llegando a España una oleada de cine argentino. Luppi era para nosotros el eterno batallador. Desde que comienza su carrera hasta hoy ha sabido mantener un perfil de interpretaciones muy interesante y coherente. Recorriendo la carrera de Luppi podemos entender también la situación de Argentina, a él también le había robado el estado. . Luppi nos parecía ese referente en el que, si no buscas respuestas, por lo menos te hace plantearse las preguntas correctas.
Entrevista realizada por Jorge Dantart
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“Una de las mejores formas de aprender es ver las cosas desde dentro”
Julio Arrojo Actor y director de cortometrajes, ha trabajado en multitud de series de televisión. Tras sus comienzos en el mundo de la figuración, este asturiano ha ido abriéndose hueco poco a poco hasta llegar a trabajar en las series de mayor acogida por parte del público. Actualmente, prepara su próximo proyecto como director, “Gatos”, y lo podemos ver en uno de los personajes principales de la serie “Luna”, emitida por Antena 3 TV.
¿Cómo has llegado a esto?
La verdad es que yo al principio no quería ser actor, lo que quería es ser músico. Mi pasión era escribir canciones y componer. El problema es que me acabé dando cuenta de que el camino que estaba eligiendo no era el más adecuado ya que la cosa no me estaba funcionando nada bien. La verdad es que también se daba la circunstancia de que vivía en Asturias y si el mundo de la música ya es complicado de por sí, imagínate en Asturias.
¿Cuándo decidiste venirte a Madrid?
Pues la verdad es que vino un poco todo junto. Me casé y me vine a Madrid de luna de miel. A mí me gustaba mucho esta ciudad y quería aprovechar el viaje para instalarme para buscar trabajo, ya que no había desechado del todo la idea de ser músico. Era el año 1997 y en aquél momento se representaba en la Gran Vía la obra “El hombre de la mancha”, con José Sacristán y Paloma San Basilio. La verdad es que me encantó el espectáculo. Duraba dos horas y media y mi primera sensación fue querer volver a entrar de nuevo Creo que esa fue la primera vez que pensé “esto es lo que yo quiero hacer” Me planteé realmente por qué quería dedicarme a la música si a mí lo que me motivaba era lo que acababa de ver sobre un escenario.
A partir de ahí comenzó una inquietud...
Claro, pero también supongo que había estado ahí escondida durante muchísimo tiempo. Creía que la iba a desarrollar a través de la música, pero descubrí que tenía que hacerlo por medio de la interpretación.
¿Cuáles fueron tus primeros pasos en el mundo de la interpretación?
El primer paso fue venirme definitivamente a Madrid desde Asturias. Más tarde, fue empezar a buscar una vía de entrada y la vía más accesible para entrar en este mundo sin tener una formación previa ni conocer absolutamente a nadie, era la figuración. Vi un anuncio en el periódico en el que necesitaban actores, actrices, bailarines, etc.. para una serie de televisión. Me puse contentísimo creyendo que trabajar como actor iba a ser algo muy sencillo, pero al llegar me di cuenta de que era una agencia que buscaba figurantes para las series de aquél momento. Trabajé para muchas productoras, sobre todo para Globomedia.
¿Cuál fue tu primer papel tras tu paso por la figuración?
Fue curioso, porque estuve trabajando para la serie “Policías, en el corazón de la calle”, durante al menos siete meses haciendo figuración diaria. Yo, al ir todos los días, ya conocía a todo el mundo y era como parte del equipo. Coincidió que comencé a compartir piso con el primer ayudante de dirección de la serie, Alfredo Alba, y él comenzó a darme todas las frases que podía. Comencé con una frase, fue muy bien y llegó un momento en que la frase se convirtió en dos, luego en tres y así consecutivamente.
Hasta llegar al director de casting Luis San Narciso...
En efecto, la serie era para Globomedia y el casting lo hacía él. Además somos paisanos y nos caímos bien. Él me dio mi primer personaje dentro de la serie, un inspector que estaba investigando un asesinato de policías. Un papel cortito. A partir de ahí fue desencadenándose todo.
Viniendo del mundo de la figuración, ¿cómo es que tu primera experiencia en el cine no fuese como actor y sí organizando a la figuración de una película?
Fue curioso. Llegué ahí porque llamaron a mi chica, que era la que realmente se dedicaba a eso, para coordinar la figuración de la película Al sur de Granada, de Fernando Colomo. Yo siempre he creído que una de las mejores formas de aprender es ver las cosas desde dentro, así que me surgió la oportunidad y me fui con ella a Granada al rodaje de la película. Al final me intenté involucrar tanto, que acabé sintiéndome parte del equipo de dirección. Esa fue mi primera relación con el cine, salvo una ocasión anterior en la que participé con un papel corto en la película Mortadelo y Filemón, de Javier Fesser.
¿Has tenido alguna relación con el mundo del teatro?
La verdad es que no mucho, siempre he estado más relacionado con el mundo audiovisual. Recuerdo con mucho agrado mi relación con el teatro en la época del instituto. Elegí la asignatura de teatro y escribí y dirigí una obra que gustó bastante.
¿Qué tipo de formación has recibido a nivel interpretativo?
He tenido de varios tipos. Estuve durante un año en el instituto de artes escénicas. Lo que ocurre es que Asturias no es un sitio para preparar actores. Se hace, la técnica está ahí, las clases también, perno no hay esa urgencia de “esto es un trabajo y hay que saber cómo hacerlo, hay una técnica y debes saber aplicarla” Más tarde, al llegar a Madrid, tuve varias escuelas: primero estuve con Jorge Eines en el estudio del Actor durante dos años y más tarde un seminario con Cristina Rota en el Centro de Nuevos Creadores.
¿Crees que el aprendizaje tiene fecha de caducidad?
En absoluto, de hecho ahora mismo como puedes ver, tengo sobre la mesa la solicitud de ingreso para la escuela de Juan Carlos Corazza, para entrar en el curso regular a partir de octubre. El aprendizaje es fundamental para el actor y nunca se termina de aprender del todo, hay que seguir siempre dispuesto a aprender.
Has tenido papeles de todo tipo, algunos más dramáticos o extremos, como en “Sin tetas no hay paraíso” y otros con mucha más vis cómica, como en “Agitación más IVA”, en Telecinco. ¿Con cuál te sientes más a gusto?
Está claro que si se hace bien la comedia, te lo pasas de maravilla, yo por mi parte, disfruto muchísimo con ella. Creo que es el género en el que más a gusto me siento porque ya de entrada me considero bastante payaso. Tengo cierta facilidad para adaptarme a ella. Sin embargo, tras hacer la serie “Luna”, de Antena 3, donde tengo un personaje más extremo, he descubierto que si me dejan o me dan el espacio suficiente como para crear y desarrollar un personaje, me siento también cómodo en ese registro. Aún así, prefiero siempre la comedia.
Aparte de tu faceta como actor, también diriges y escribes. Ya lo hiciste con tu primer corto “Amigos” y ahora vas a embarcarte en un proyecto más ambicioso, con actores de la talla de Luis Tosar y donde tú no actúas. ¿Te cuesta no escribirte un papel para tus propios cortometrajes?
Depende. Creo que eso lo decido antes de ponerme a escribir el guión. En el caso de “Amigos” opté por actuar ya que al ser el primer cortometraje, ni conocía a nadie ni nadie me conocía a mí. Era de bajísimo presupuesto y entre amigos. Cuando realicé ese proyecto creía que la forma más sencilla de plasmar lo que había escrito, era hacerlo yo mismo. En el caso de “Gatos”, la cosa es más compleja ya que tengo que poner toda mi concentración en contar la historia que he escrito. Si tuviese que actuar a la vez que dirigir, no lo contaría igual.
Además estás protegido por un gran reparto...
Sí, la verdad es que no me puedo quejar en absoluto. Cuento con actores como Juan Carlos Bellido, Luis Tosar, Mariano Venancio, Fernando Tejero y Ana Goya.
¿En qué referencias cinematográficas te vas a basar a la hora de narrar tu historia?
Alguien dijo hace poco tiempo que el cortometraje podía llegar a ser un gran género en sí mismo, yo creo que ya lo es y merece la pena que haya historias distintas y arriesgadas. A mí me parece que fue bastante arriesgada toda la Nouvelle Vague francesa y me gusta muchísimo. Es un cine en el que nadie estaba preocupado por los formatos ni de una técnica concreta ni normas establecidas. Yo, por mi parte, también me salto las normas. La primera de ellas es que nunca he pasado por una escuela de dirección y es un inconveniente que me encuentro también a la hora de encontrar financiación.
¿Cómo ves el momento de la televisión actual?
Creo que las productoras deberían tener un poco más de confianza en sí mismas. Están demasiado acostumbrados a que si un proyecto o “producto” funciona, hay que repetirlo hasta la saciedad, hasta que se haya exprimido del todo, corriendo el riesgo de caer en la pereza. Hay medios y productoras lo suficientemente fuertes como para poder arriesgarse y hacer series de mayor calidad. También es cierto que las cadenas de televisión pueden ser un impedimento para este tipo de apuestas. Deberían dar más carta blanca a las productoras, apostar más por el criterio de estas y dejar paso a nuevas ideas.
¿Qué le aconsejarías a alguien que quiere empezar en esto?
No lo sé, la verdad. Cada persona es un mundo, y alguien que decide dedicarse a una disciplina artística tiene que conocer muy bien su mundo propio. Lo primero que tiene que saber es quién es, qué es lo que quiere, hacia donde va y cómo quiere que sea su vida. Es ya sabido que la vida del artista no es una vida fácil. Hay que estar al pie del cañón y saber si se está preparado para soportar ese tipo de presión.
Entrevista realizada por Jorge Dantart
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“La censura me prohibió trabajar en el cine”
Alfonso Ungría, 30 de marzo de 1943. Director de cine. Podríamos decir como carta de presentación que sus dos primeras películas fueron censuradas por Franco, pero eso no le impidió seguir dirigiendo cine con la misma pasión del principio. Entre sus trabajos más reconocidos se encuentran las películas "El hombre oculto", "Gulliver" o "Africa". En televisión destacó con "Hasta luego Cocodrilo" o la serie de Televisión Española "Cervantes". Le preguntamos por sus primeros años en la profesión.
¿Cómo has llegado a esto?
Fue a raíz de entrar en la Facultad. Ahí fue cuando comencé a tener contacto con gente del teatro. Yo veía mucho cine, bueno, la verdad es que yo he visto siempre cine desde que era muy pequeño, ya que mi madre era muy aficionada. Entré en contacto en la Facultad con un grupo de gente que también era muy aficionada al cine, hablo de personas como Emilio Martínez Lázaro, Augusto Martínez-Torres y Ricardo Franco, entre otros. Solíamos ir bastante al cine club.
¿Habías hecho ya algún cortometraje?
No. El único que había hecho algo de cortos era Augusto Martínez Torres. Fue, al fin y al cabo, el que nos empujó y ayudó a realizar nuestros propios cortometrajes. Al final conseguimos hacer cada uno un corto e incluso fuimos a algún que otro festival. El problema que existía antes es que no había casi ningún festival de cortometrajes, todo lo contrario a lo que ocurre ahora. Al ver que no tenían mucha salida, decidimos unir nuestros cortometrajes y realizar así un largometraje que titulamos Star, título que pusimos por la numeración que aparecía siempre en pantalla antes de cada rollo. Eran cortometrajes en 16 milímetros que la verdad es que no estaban bien ligados del todo.
¿Conseguisteis algo gracias a los cortometrajes?
En mi caso sí, porque gracias a eso entré en contacto con el Director técnico del NODO, que se llamaba José Luis López Clemente y era un tipo estupendo, y nos encargó realizar una serie de reportajes. Nos coló en NODO y eso que no éramos precisamente la mejor opción para NODO, dada nuestras posturas políticas y habiendo allí dentro falangistas y gente muy gris.
¿Fue duro trabajar en NODO?
No mucho, la verdad, porque el franquismo en aquella época era duro, pero no tanto duro en un ámbito de lo cotidiano. Era una dictadura en toda regla, eso sí, también cargada de grisura, un tanto casposa. Además, la gente que llevaba el tema del NODO eran funcionarios, todos muy grises con aspecto de cansancio. No eran para nada “peligrosos”. Allí realizábamos nuestros reportajes.
¿Qué tipo de reportajes realizabais en NODO?
Hice muchos y aprendí mucho haciéndolos. Eran documentales y reportajes que duraban entre 15 y 30 minutos. Recuerdo especialmente uno que iba sobre la vida diaria de los bomberos, otro en el que abordábamos el tema de la música medieval en Cuenca..., es decir, la mayoría iban sobre temas variopintos y algo absurdos. De repente, tras llevar una larga temporada trabajando con ellos, me ofrecieron realizar uno que se titulaba “La vida en los teleclubs”. Los teleclubs fue un invento de Fraga Iribarne para acercar a la población alejada de las capitales a las nuevas tecnologías, como en este caso eran los televisores. Este documental duraba más de media hora y, tras haber estado cumpliendo órdenes para NODO durante una larga temporada, decidí hacer lo que me apetecía.
¿Dónde lo rodaste?
Lo rodé en Extremadura y en Galicia. En el documental tuve varios problemas y la mayoría me vinieron de haber ido a París a ver el cine que se hacía fuera. Allí descubrí un montón de cosas que se hacían y en España todavía andábamos muy retrasados.
¿Qué cine solías ver en Francia?
La Nouvelle Vague, sobre todo. Jean Luc Godard en especial.
¿Qué tipo de problemas te surgieron?
El primero de ellos, que decidí grabarlo con sonido directo, cosa que no se hacía para nada en España, además de que todo lo que rodé en Galicia estaba hablado en Gallego. El segundo gran problema fue que, al estar tan influenciado con la Nouvelle Vague, le pedí al cámara que grabase con la cámara al hombro. El cámara, que era funcionario de NODO, se negó al principio, pero más tarde logré convencerle diciéndole que no se preocupara, que lo hacían los franceses y que íbamos a hacer algo maravilloso. Tú imagínate un documental sobre los teleclubs con cámara al hombro y gente hablando en Gallego.
¿Qué ocurrió entonces?
Ocurrieron dos cosas: la primera que me echaron de NODO, la segunda que gané el Primer Premio en el Festival de Cine de Bilbao.
¿Qué hiciste al perder el trabajo?
Tuve la suerte de encontrarme en un festival de cine a Luis Mamerto López Tapia, que era un productor al que le encantó el documental. Tras varias conversaciones, me hizo una proposición. Él quería producirme una película, pero sólo tenía un millón de pesetas para producirla. Me dijo que si era posible y yo, sin pensármelo dos veces, le dije que sí. Un millón de aquella época vendrían a ser ahora 180000 euros. Como no sabía realmente cómo podía realizar una película con ese presupuesto, decidí meter al personaje en una casa y que la historia se desarrollase la historia de esa manera. La película se llamó “El hombre oculto”, y fue una experiencia fantástica porque participaron todos los amigos. El guión lo escribí con Emilio Martínez Lázaro y en el reparto estaban tanto Carlos Otero, como Carmen Maura, Luis Ciges o Julieta Serrano, entre otros muchos.
¿Qué acogida tuvo la película?
La verdad es que tuvo una acogida asombrosa. Al público y a la crítica les encanto y encima la seleccionaron para el festival de Venecia, donde tuvo también una acogida fantástica. La verdad es que me fue demasiado bien con la película y yo sólo tenía veintidós o veintitrés años. No estaba preparado para un éxito así, y quizás me afectó un poco a la hora de encarar los siguientes proyectos. Me hizo ser más ambicioso de lo que debía con mis siguientes proyectos en relación al dinero.
¿Es peligroso tener éxito tan joven?
Quizás sí, porque no estás preparado mentalmente para eso. Es importante tener siempre los pies en el suelo y saber que no se va a estar toda la vida haciéndolo bien, que tarde o temprano te darás algún guantazo. Por eso fue una alegría la acogida de la película pero quizás me desbordó un poco, también lógico debido a mi corta edad.
¿Cuáles fueron tus siguientes proyectos?
La siguiente película que dirigí fue “Tirarse al Monte”, en la que repetí con muchos de los compañeros y actores de la anterior, pero como ya te he comentado antes, era tan ambiciosa que me la pegué. Incluso debido a algún productor, me prohibieron volver a hacer cine en España por la temática de la película, no muy acorde con el pensamiento de la época,
¿Cómo sobreviviste?
Pues no fue nada fácil, ya que para subsistir estuve escribiendo guiones para televisión, pero con pseudónimo, ya que no me estaba permitido trabajar. Afortunadamente, toda esta situación duró sólo hasta que terminó la dictadura. A partir de entonces ya pude volver a cierta normalidad. En aquella época no estaba permitido ser librepensador, por no decir de izquierdas.
Tú que has trabajado muchísimo en televisión, ¿encuentras mucha diferencia entre los rodajes de ahora y los de hace veinte años?
Claro, la televisión ahora es televisión y las series tienen un formato televisivo. Hace veinte años lo que hacíamos en televisión eran grandes series que se rodaban en cine pensadas con un formato cinematográfico, no había la rapidez e inmediatez de ahora. Cuando dirigí la serie “Cervantes”, por ejemplo, estaba concebida como una gran película dividida en unos cuantos episodios.
¿Cuál es, de todos tus trabajos en cine y en televisión los que recuerdas con más cariño?
Pues en televisión, la serie “Hasta luego, cocodrilo” grabada en 1991, con Amparó Baró, Carlos Hipólito y Cristina Marcos y coescrita con Joaquín Oristrell. En cine, quizás la película “Gulliver”, coescrita y protagonizada con Fernando Fernán Gómez.
¿Qué opinas de una iniciativa como la de Cinemavip?
Creo que es fundamental que las personas que nos dedicamos a esto nos involucremos unos con otros, porque al fin y al cabo estamos todos en el mismo barco.
Entrevista realizada por Jorge Dantart
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Aún mantengo un espíritu de aficionado.
Felipe Vega (León, 1952), director, guionista y documentalista. Ha dirigido siete películas (Mujeres en el parque, Nubes de verano o un Paraguas para tres, entre otras) y varios documentales. Ganador del Premio a Mejor Dirección Novel en el Festival de Cine de San Sebastián en 1988. Profesor de la ECAM. Felipe relata a Cinemavip cómo fueron sus inicios.
¿Cómo has llegado hasta aquí?
Mi caso es un poco tópico, porque fue muy pronto, siendo muy joven. Curiosamente fue al ver una película de Buñuel, Ensayo de un crimen. De los diez a los quince años es cuando ya comienzo a hacer otras lecturas de las películas, es ya cuando los nombres de los directores de cine me empiezan a sonar, como por ejemplo John Ford o Howard Hawks. Es entonces, a los quince años cuando veo la película de Buñuel y coincide con que en mi casa hay una cámara de 8 mm que le regalan a mi padre, y ahí es cuando ya empiezo a rodar.
¿Qué es lo primero que recuerdas haber rodado?
Lo primero fueron rollos sueltos, más tarde pequeños documentales. Y así poco a poco, desde los quince años hasta los veinte.
Ya habías tenido una experiencia cinematográfica al haber estado de niño participando en el rodaje de Doctor Zhivago, ¿cuál es tu recuerdo de esa experiencia?
El mejor recuerdo que yo tengo de esa experiencia es que con los tres días que estuve trabajando en esa película de extra conseguí el dinero para comprarme la bicicleta. Y luego tengo grabadas imágenes de cómo se reconstruyó un Moscú nevado en un descampado. El recuerdo que tengo es de un rodaje muy intimidatorio. En ningún momento vi ni al director ni las cámaras, yo sólo oía las voces de los ayudantes de dirección de un lado para otro, era como todo muy caótico.
¿Por eso te dedicaste a hacer un cine más intimista?
(Risas) Pues podría ser posible, me marcó tanto que decidí no rodar ni con caballos ni guerras. No, la verdad es que más tarde nunca me he logrado ver en la película. Sé que soy uno de los niños que corren, pero no tengo una referencia espacial más que de la calle y de las carreras.
Por cierto, ¿te gusta la película?
Sí, la verdad es que me gusta mucho la película, pero sobre todo me gusta muchísimo el libro.
Una vez con la cámara, ¿cuáles fueron tus siguientes pasos?
Me dediqué a ponerme a rodar con amigos. Nos pusimos mucho más en serio. La verdad es que fuimos progresando. Hacíamos películas de veinte minutos o media hora de duración, que ya se iba pareciendo más a lo que podía ser un largo. Rodaba ficciones que a veces se quedaban sin terminar, así que también rodaba documentales que tenían otra estructura. De hecho con uno de ellos gané un premio en un colegio, con dieciséis años, era un documental titulado Un mundo de contrastes en el que observaban las distintas profesiones en distintas escalas sociales, en el año 1966.
A partir de ahí estudias Derecho y no logras entrar en la Escuela de Cine…
Efectivamente, no logro entrar porque Fraga la cierra, entonces yo soy de los que entra en 1970 en la primera promoción de Ciencias de la Información. Por entonces encuentro trabajo en unos estudios de publicidad muy potentes, los estudios Moro. Ahí comienzo a trabajar de ayudante de montador.
“Siendo ayudante de dirección me sentía algo canalla, algo ladrón. Siempre observando”
Y de ahí a la mili…
Efectivamente, y me corta durante dos años, pero curiosamente tuve una grata sorpresa al volver, y era que me habían guardado el trabajo de ayudante de montador. De ahí comencé a trabajar en publicidad de ayudante de dirección hasta el año 1975, cuando comienzo ya a dirigir publicidad, pero una publicidad muy barata.
¿Qué tal la experiencia al entrar como director en el mundo de la publicidad?
Pues tan buena que han sido muchísimos años de mi vida, de hecho es la formación que recibo. Son quince años de mi vida. La primera sensación para mí es la suerte de haber aprendido todos los tipos de planos y de cámaras posibles, de hecho cuando realicé mi primer largo descubrí todo lo que había aprendido. Aprendí muchísimos conocimientos técnicos.
También habías pasado por casi todos los puestos de un equipo de rodaje.
En efecto y yo creo que es muy importante, no es estrictamente necesario, pero muy positivo para saber desenvolverte. Yo cuando trabajaba como ayudante de dirección aprendí mucho sobre todo a observar al resto del equipo, yo lo definiría como una forma de espionaje, incluso. Estar detrás del director ha sido muy importante para mí. Mirar sin ser mirado.
¿Algo voyeur?
(Risas) Y algo canalla, algo ladrón.
¿Era más fácil en aquella época hacer una película que ahora?
Yo tengo la impresión, tratando de ser objetivo, que no hay muchas diferencia entre esa época y ahora. Hay cosas que no cambian nunca.
Fuiste Redactor Jefe de la revista Casablanca.
En efecto. Fueron tres años en los que me dediqué exclusivamente a eso y fue una buena experiencia. No tuve que llegar a compaginarlo con ninguna otra actividad.
¿Cómo fue el camino hacia tu primera película Mientras haya luz?
Pues un camino muy raro, la verdad. Tras la experiencia de Casablanca, volví a la publicidad, pero bueno, quizás a unos niveles más altos. Hay una cosa importante, la verdad, yo nunca llegué a pensar en que iba a ser director de cine, no he tenido en la cabeza esas presiones. Sí realicé El viaje a Ampurdán, un cortometraje en 35 mm, pero un largo no me lo planteaba. Fue en un viaje a Italia en un parón entre un trabajo de publicidad y otro, cuando escribo un guión de una película y realicé como media hora, pero entonces estaba la ley Miró del cine y no me quisieron poner el dinero para el resto. Dos años después entro en contacto con Fernando Méndez-Leite, que era Director General de Cinematografía y vio esa primera media hora y aprobó el proyecto. Me vi de repente y sin habérmelo planteado del todo rodando mi primera película en 1987.
¿Cómo fue la experiencia de rodar una película tras tantos años en publicidad?
Bueno, es muy buen recuerdo. El rodaje de una primera película es siempre un recuerdo inolvidable. Es como la anécdota de Bertolucci cuando fue ayudante de Pasolini en Accattone. Decía que en la primera película, un travelling era el primer travelling en la historia del cine y una panorámica era la primera panorámica en la historia del cine. Es esa sensación de descubrir el cine como si lo estuvieras descubriendo en ese momento. Encima es un rodaje con amigos, que es lo mejor de lo mejor. Y, aunque haya poco dinero es una aventura maravillosa.
¿Te sorprendió el hecho de ganar el premio a mejor dirección novel en el festival de San Sebastián?
Sí, completamente, porque además fueron varias cosas. Una porque como había poco dinero, el laboratorio no cedía al principio la copia para llevarla al festival, así que por un lado teníamos bastante suspense y segundo que entre llegar, la proyección. El pase, el contacto con el público y el premio no pasó ni un día y medio como mucho, así que fue muy sorprendente.
¿Escribiste esta película tú solo?
Sí, sí que la escribí yo solo. Mi intención además no era escribir yo el guión de la película, pero era obligatorio. Intenté no escribirlo. Pero me puse y un día me planté con ciento cuarenta páginas.
Más adelante te has apoyado en otros escritores de la talla de Julio Llamazares o Manuel Hidalgo, ¿cómo fue la sensación de escribir un guión en solitario?
Tengo recuerdos poco claros, recuerdo lo del viaje a Italia. Recuerdo también que iban saliendo las hojas con bastante facilidad, todo muy fluído.
¿Sabías que iba a ser una buena película mientras la escribía?
La verdad es que ni me lo planteé. La verdad es que nunca me lo he llegado a plantear. Yo tengo una sensación todo el rato de felicidad, de estar como todo el rato en las nubes, de estar feliz. También es un recuerdo muy compartido por la gente que se involucró con el proyecto.
¿Existe fórmula para realizar una primera película?
Yo creo que no, que cada uno tiene su sistema. Que cada uno tiene que ser uno mismo, lo que ocurre es que lo realmente complicado es darse cuenta de cuando uno es uno mismo. A mí, particularmente lo que me gusta es el cine, no el hecho de ser un director de cine. Soy un profesional pero mantengo un espíritu muy de aficionado.
Entrevista realizada por Jorge Dantart

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