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“Controlar el ritmo es cuestión de intuición y sentido común”
Miguel Doblado, montador de cine y televisión. Paralelamente a sus trabajos de montaje en muchísimos cortometrajes, ha desarrollado la tarea de ayudante de montaje en multitud de películas. Actualmente es el responsable de montaje de la serie de Antena 3 TV “Física y química”. Miguel nos cuenta su experiencia en este campo.
¿Cómo has llegado a esto?
De pequeño me gustaba mucho el cine y veía muchísima televisión. Al terminar el instituto tuve que decidir qué iba a estudiar y comencé la carrera de Imagen y Sonido porque lo que más me gustaba era el cine. Todo lo que hacía siempre en la facultad estaba prácticamente enfocado al cine. Así que, estudiando en la facultad, me enteré de que había una escuela en Madrid donde se podía estudiar cine, la ECAM, y empecé a prepararme las pruebas. No aprobé la primera vez, pero al año siguiente volví a presentarme y me admitieron.
¿Cuándo te diste cuenta de que querías ser montador?
En la facultad, por ejemplo, comencé a fijarme en el montaje como herramienta de lenguaje cinematográfico. Tiempo más tarde me di cuenta de que lo que realmente me gustaba, el proceso que más me interesaba, era éste, más que el trabajo con los actores o escribir un guión.
¿Cuándo comenzaste a montar?
Durante mis estudios de Imagen y Sonido. Una vez que tuve claro mi camino, empecé a montar. En los trabajos que allí realizábamos, uno se encargaba de la dirección, otro de la cámara y yo siempre me encargaba del proceso de montaje. También hacía, aparte de esos trabajos, cortometrajes fuera de la facultad. Eran de todas maneras trabajos muy caseros.
¿Cómo fue la experiencia en la Escuela de Cine?
La experiencia fue positiva. Tuvo también cosas negativas, como todas las escuelas, claro. Pero es cierto que te da la posibilidad de estar en contacto con personas de la profesión y aprender de ellos y sobre todo de enseñarte un poco cómo va a ser el trabajo fuera de ahí. Lo más positivo ha sido conocer a otros alumnos incluso de otras especialidades, porque, aparte de lo que te pueden aportar, en un futuro son los que más cuentan contigo para cualquier trabajo.
¿Realizabas alguna actividad paralela a tu formación académica?
Tuve la suerte de montar muchos cortometrajes de personas que estaban fuera del ámbito de la Escuela de Cine. Una vez terminados los estudios realicé varios trabajos para televisión hasta que comencé a trabajar como ayudante de montaje para varios montadores, como David Pinillos o Buster Franco. En aquella época me hice como quince películas como ayudante de montaje.
¿Qué tal la experiencia como ayudante de montaje?
Es complicado vivir de ayudante de montaje en cine en este país porque normalmente solamente estamos contratados durante el periodo de rodaje y luego, dependiendo del acuerdo al que llegues con la productora, varias semanas más para los procesos finales y de supervisión. Como ayudante, no tienes trabajo asegurado durante todo el año. Por ejemplo, contando con poder hacer tres películas al año, son seis o siete meses de trabajo. El resto del tiempo lo empleas casi siempre en otro tipo de trabajos de montaje, en mi caso, en televisión, en realities, documentales, alguna serie...
¿Qué películas te resultaron más interesantes de hacer como ayudante de montaje?
De las últimas me gustó mucho “Salir pitando”, que es una película compleja a nivel de postproducción, ya que tenía muchos efectos y secuencias rodadas con varias cámaras. Aparte, fue interesante porque fue una coproducción con Columbia y había cierta exigencia en la producción. También destacaría “Oviedo Express” en la que hice también la coordinación de postproducción y fue una película con una factura bastante buena. También destacaría “Vete de mí”, de Víctor García León.
¿Qué diferencias más notables encuentras en el trabajo entre dos películas tan distintas como son “Vete de mí” o “Salir pitando”?
En efecto, son películas muy diferentes. En ambos casos fui ayudante de montaje, pero supongo que, como montador, me resultaría más complicado montar una película como “Vete de mí”, donde se improvisaba mucho en rodaje. En estos casos, el montador tiene que estar siempre atento a los momentos en los que el director, Víctor en este caso, le da rienda suelta a los actores, y analizar estos momentos con él para llegar a crear una estructura que quizás al principio no está del todo clara.
Quizás “Salir Pitando” es más convencional a nivel de estructura...
Sí, en el caso de “Salir Pitando”, quizás tienes ya una línea de estructura marcada indicándote por dónde tienes que ir, pero que por otro lado, tiene la dificultad de conseguir que el público responda con más precisión a los gags o a los puntos de giro. La propuesta de “Salir Pitando” es no obstante muy interesante al no encorsetarse en la precisión que requiere ese tipo de comedia, sino que da libertad a la entrada de un tipo de humor menos convencional, más de miradas o silencios.
Como montador, ¿hasta qué punto te controlas para no perder en algún momento del proceso el sentido del ritmo?
Realmente es algo complicado... Para controlar el ritmo no hay criterio ni hay fórmulas, es más una cuestión de intuición y de sentido común. Porque montar las secuencias es un trabajo diario que se va aprendiendo con la práctica y viendo mucho cine, pero el ritmo total de un trabajo de dos horas es realmente lo complicado y es algo que hay que determinar conjuntamente, trabajando con el director.
¿Es importante para ti la primera lectura del guión de cara al resto del proceso?
A decir verdad, no es lo más importante para mí. Leo el guión con mucho interés, pero no suelo recurrir mucho a él. Me dedico a montar las secuencias y luego ya me centro en lo que es la película, que es lo que para mí manda.
¿Es muy difícil elegir la toma apropiada?
Es difícil en todas las ocasiones. En esos casos, quizás sea el criterio del director el que suele imperar.
¿Cómo es la relación con un director?
Yo, tanto como montador, como siendo ayudante de montaje, he visto siempre una relación excelente entre director y montador. De todas maneras, suele pasar que el director tiene tal cantidad de trabajo durante el rodaje, que se pasa por la sala muy de vez en cuando. El montador va haciendo su trabajo y se le suele entregar al director un DVD con lo que está ya montado para que lo pueda ver en los pocos ratos que tiene libres. Hasta después del rodaje no se encierran en la sala de montaje y es ahí cuando ambos comienzan a revisar tomas y a completar el trabajo de montaje.
Si el director llega cansado y con inseguridades, ¿es importante el apoyo psicológico por parte del montador?
Es importante, pero también hay que tener mucho tacto. Todo director está muy sensible en la etapa del rodaje y todo que le puedas decir le puede afectar. Pero es importante que el montador le indique todo en lo que pueda mejorar la película, aunque esto no es tarea exclusiva del montador.
Actualmente eres el montador de la serie “Física o Química” de Antena 3, ¿qué diferencias más notables has notado entre cine y televisión?
Al principio tenía un poco de reparo por trabajar en el mundo de las series. La impresión que tenía, es que se rodaban a un ritmo muy rápido y que el montador estaba ahí solamente para arreglar los fallos y unir los bloques. Luego vi que tenía una idea equivocada, porque al trabajar en televisión me di cuenta de que muchas series se montan desde cero, ya sean grabadas con dos, tres o cuatro cámaras. Es el montador el que arma la serie con las indicaciones que le da el script. Estoy muy contento con el trabajo que estoy realizando en la serie.
Supongo que los tiempos serán muy distintos...
Hombre, claro. Una película se rueda en siete u ocho semanas y luego tienes las mismas semanas para terminar de montarla. Una serie se graba en dos semanas cada capítulo y al día siguiente de terminar la grabación, tienes que tener ya un premontaje del capítulo. Viniendo del cine estás acostumbrado a ver todas las tomas y a darle muchas vueltas al material. En televisión, sin embargo, no puedes revisar tan bien como quisieras todo el material, pero aunque los tiempos son distintos, el resultado es muy, muy satisfactorio.
¿Tienes tiempo para seguir montando cortometrajes?
Es una pena, pero no tengo mucho. Cuando estás empezando, todo cortometraje que te llega lo montas como puedes y lo haces con mucha ilusión y muchas ganas. Una vez que empiezas a trabajar más, tienes mucho menos tiempo, además te apetece desconectar tras estar todo el día montando. El último cortometraje que monté fue “Propiedad privada”, nominado para los Goya.
¿Qué le dirías a alguien que quiere ser montador?
Yo recomendaría el paso por una escuela. Es probable que diga esto porque ha sido el camino que he seguido y me ha ido bien. Le diría que el trabajo de montador es duro, pero igualmente duro que otros trabajos. Por otro lado, montar es muy satisfactorio. Yo voy a trabajar todos los días y disfruto muchísimo de mi trabajo.
Entrevista realizada por Jorge Dantart
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“El montaje me parece la mejor escuela para dedicarse al cine”
Buster Franco, montador. Lleva muchísimo tiempo en esta profesión y ha tocado todos los palos: televisión, documentales, cortometrajes y largometrajes. Nos cuenta su experiencia en esta profesión y sus futuros proyectos profesionales.
¿Cómo has llegado a esto?
Realmente yo nunca pensé en dedicarme a esto. Era un estudiante ausente y en el momento en que mi padre se dio cuenta de que yo no estaba muy interesado en estudiar, me propuso que trabajase en unos documentales sobre la India. Tenía que realizar todo el trabajo sucio que hace un meritorio, recibiendo un sueldo simbólico.
¿Tuviste algún tipo de formación audiovisual?
Tras eso, seguí convalidando mis ausencias escolares con el trabajo e hice un curso de edición de vídeo de la Imefe. Era un curso de prácticas. Hay escuelas de cine que no enseñan lo fundamental para empezar a trabajar, desde abajo, como hacer una copia -o tirar un cable- No preparan para el trabajo real. Hice el curso de ochocientas horas y trabajé en “Después de tantos años”, como auxiliar.
¿Cuándo te diste cuenta de que querías dedicarte a esto?
Para cuando me di cuenta de que me quería dedicar a esto, ya estaba montando. Creo que esto es algo constante en toda mi vida, el hecho de que no tengo la sensación de haber tomado muchas decisiones por mí mismo. Me he ido acomodando según las circunstancias.
A partir de ahí supongo que los trabajos se irían desencadenando unos con otros...
Tras este trabajo, estuve de ayudante en una serie que montaba Daniel Cebrián, con el que había estado trabajando en “Después de tantos años” Después trabajé con Ángel Hernández-Zoido como ayudante y como operador en su estudio haciendo industriales, makin off y otras caspillas.
¿Qué tal fue tu experiencia con los vídeos industriales?
Cada día creo más en que de todo se aprende, ahora voy a montar una TV movie y es la primera adaptación literaria que monto. Siempre sigo aprendiendo, en los documentales aprendes cosas muy prácticas para montar ficción y viceversa. Algunos trabajos como los industriales, quizás no son muy reconfortantes, pero sí lo son para el cliente y hay que esforzarse, puedes pasarte día y noche trabajando… aprendes la importancia de las fechas, y que hay que llegar a costa de los domingos, y a veces incluso de tus relaciones personales.
¿Cómo viviste la etapa como ayudante de montaje?
Creo que es un trabajo que tiene más responsabilidad de la que puede parecer. He trabajado de ayudante en series, por las noches, en polígonos industriales, dentro de furgonetas convertidas en unidades móviles. Haciendo copias de emisión y otras cosas quizás menos gratificantes que montar, pero también muy importantes para la película. He tenido la suerte de estar siempre en equipos que me han dejado, por ejemplo, montar la cabecera y me guardaba tiempo para jugar a “pegar” secuencias. También de disfrutar, no sólo del trabajo de ayudante, sino también de ver todo el proceso, cómo montaban y cómo tomaban las decisiones. Todo esto me sirvió de mucho.
¿Has montado alguna vez en moviola?
No. Empecé a trabajar en avid en el 95. En algunas películas me he querido dar el capricho de darle la última vuelta en moviola, pero al final nunca hay tiempo ni dinero para hacerlo. Es algo que a día de hoy es más romántico que práctico.
¿Cómo fue tu salto como montador?
Tengo que agradecerle eternamente a José Nolla que me diese la oportunidad de dar ese paso. En aquél momento tenía un buen bagaje como ayudante y aparte, realizaba making off y otros trabajos de los que me sentía bastante orgulloso, incluso cuando no funcionaban del todo yo había hecho lo mejor posible. que es algo que puede ocurrir y es positivo saberlo. Lo disfruté muchísimo, se me ocurrían muchísimas opciones y como decía mi padre, “hay que probarlo todo, por estúpido que pueda parecer en un principio” porque incluso por medio de una estupidez llegas a la opción correcta, y ahora con el montaje online es inmediato comprobarlo. Ahora veo trabajos que hice hace diez años y me gustan, me parecen incluso un poco descarados...
Tu primer trabajo como montador fue en “Hospital Central”, de Telecinco, pero antes habías tenido la experiencia de montar la película “Lágrimas Negras”, dirigida por tu padre.
Yo entré como ayudante en esa película y al final me impusieron firmarla para que me responsabilizara de determinadas decisiones que se habían tomado durante el montaje. Preferiría figurar sólo como ayudante, pero supongo que si opiné tengo que apechugar.
¿Se perdió mucho de la perspectiva que tenía tu padre de la película?
Era un equipo de amigos, familiares y gente que quería mucho a mi padre y nos quedamos bastante hechos polvo. Además era un guión muy personal, no sabemos muy bien cómo le hubiese quedado a él, había cosas que sobre el guión estaban muy abiertas y que probablemente no nos dejó lo bastante claras.
Tras la película fuiste montador durante dos temporadas de la serie “Hospital Central”, ¿cuáles son las diferencias más notables entre montar en cine y televisión?
Son cosas totalmente distintas. En sus particularidades técnicas creo que hay cosas que casi se convierten en tópicos peyorativos, sobre todo para la televisión como que se tiene que entender todo desde el w.c. y con la puerta cerrada Es un montaje muy mecánico en el que los planos no “deben” durar mucho y se “debe” ir muy rápido al plano corto. Yo creo que el montaje en televisión tiende a sobreexplicar todo y una vez que lo has sobreexplicado llegará el músico y le pondrá una subrayante musical. En definitiva creo que la televisión sufre falta de mimo en comparación con el cine.
En cuanto al montaje en cine, ¿tienes en mente algún tipo de referencia a la hora de encarar un determinado proyecto?
A la hora de montar, uno tiene que olvidarse un poco de todo eso, la propia película es la que va a ir un poco por sí misma. Puedes tener determinadas expectativas de querer hacer algo, pero al final el material es el que te dice por donde ir.
¿Cómo espectador?
Soy un espectador bastante normal. Entre mis películas favoritas hay títulos absolutamente dispares. Las hay de aventuras, de acción, más sesudas... Un poco de todo. Pero sí es cierto que cuando he visto a personas estudiando montaje y no se interesaban por ver un determinado tipo de películas, les decía que igual un día les tocaba montar algo así. Hay que ver un poco de todo.
¿Qué tal la experiencia en la película “Vete de mí?
Yo había trabajado con Víctor en uno de los cortometrajes de la película “Hay motivo”, y la verdad es que lo pasamos muy bien. A partir de ahí, pensó en mí y la verdad es que me alegro muchísimo por todo lo que aprendo con él y porque me lo paso de maravilla. A veces ocurre que te dan guiones con tiempo suficiente como para que puedas participar en ellos, te comentan determinados artificios de montaje… la verdad es que no me suelo meter mucho, si veo que hay algo que pueda proponer, lo propongo. Por otro lado hay veces que te llega el guión con el tiempo justo como para ponerse a rodar. Me gusta mucho leerlo antes y a ser posible hablarlo.
Cómo se consigue la frescura en una película como ésta...
Lo que tiene la película es que Víctor rodó unas treinta y cinco horas. Los actores tenían una situación muy clara delante y tenían la libertad de soltar lo que quisieran dentro de ese guión. De todo eso, al final quedó bastante, porque claro, nada más natural que un actor respondiendo a una frase que nunca ha leído. Nunca una respuesta va a ser más fresca. Por eso, sí había una intención de que hubiera un corte torpe para que tuviera este aspecto más de documental, así como el uso de teleobjetivos para seguir a los personajes, que las secuencias no terminaran solemnemente, sino que en el momento apropiado te ibas a otra cosa, te pillara donde te pillara, en mitad de un paneo o de una palabra.
¿Estabais todos de acuerdo en ese planteamiento?
Fue una decisión del director, en mi opinión muy acertada. Todo el esfuerzo se hizo en beneficio de mis actores, que desde mi punto de vista es lo más importante, y en esta, más. En cuanto al montaje, lo más importante para mí fue la interpretación. Nunca está igual de interpretación, ritmo o cámara para que me de el gusto de montar el plano que queda más bonito. Dejo lo mío para lo último, creo que es mejor para la película.
¿Cómo es tu mecánica de trabajo?
Trato de empezar a trabajar cuando el director está en rodaje para poder tener un tiempo y empaparme del material, intento saber lo menos posible de lo que quiere en particular, que no en general, porque eso me condicionaría a no probar “estupideces” A Víctor le sorprendió mucho eso, porque había trabajado con otros montadores que esperaban a que les marcaran las tomas. Yo creo que es una buena mecánica., porque luego llega el director y se pone todo en su sitio, aunque ya debería estar cerca del resultado final si es que has captado la intención y no había otra mejor. Creo que todos los montadores deberían tener un tiempo para ellos, para probar cosas que delante del director no probarían por ser muy distantes con la opción original o simplemente por pudor
¿Cuál es tu próximo proyecto?
Mañana empiezo una serie de televisión en dos capítulos de Daniel Calparsoro. Se han rodado con cámaras Red one y montaremos en ocho semanas en final cut. Será la primera vez que trabaje con Daniel y que use esos equipos. En las tv movies, se puede trabajar con más mimo y las cadenas y productoras no tienen tanta obsesión por las audiencias y da más libertad.
¿Se puede vivir con la inconstancia que tiene esta profesión?
Pues es difícil, pero también hay que aprender. La gente se cree que todo son ventajas, pero depende de lo exigente que seas con los trabajos que aceptas. Yo a veces, prefiero meterme en un documental que no sé cuando cobraré pero que voy a disfrutar muchísimo, y decirle que no a una serie, que te va a dar tranquilidad laboral durante un tiempo, pero que no vas a disfrutar tanto.
¿Qué le dirías a alguien que quiere empezar en esto?
Si fuera mi hijo, preferiría que fuese médico (risas), y seguramente se ahorraría algunas angustias de esta profesión, pero tendría otras. La verdad es que montaje es algo muy completo. Mi padre, siendo director, pensaba que en montaje es donde más se aprende, ya que ves desde las variaciones de interpretación entre toma y toma, la iluminación, los tamaños de los planos, qué quitar, qué cambiar de sitio, el uso de las músicas, etc... Vas viendo todo y sin darte cuenta te vas empapando de la mejor manera: juntando todas las piezas. Me parece la mejor escuela para dedicarse al cine.
Entrevista realizada por Jorge Dantart
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Para ser un buen montador hay que ver mucho cine
Antonio Lara, montador de cine. Tras trabajar en televisión y haciendo todo tipo de trabajos como montador, comenzó su andadura por el cine y todavía no ha parado de trabajar. Antonio nos cuenta sus comienzos.
¿Cómo has llegado hasta aquí?
A mí desde pequeño me ha gustado muchísimo el cine, y, de una manera u otra sabía que iba a dedicarme o al cine o a algo muy parecido. Por eso al terminar la selectividad comencé a estudiar Imagen y sonido. En aquél momento no existía aún la Escuela de cine de Madrid, así que no pudimos ni siquiera intentarlo. Sí existía la de San Antonio de los Baños, en Cuba, que, aunque no ingresé en aquella época, fui a recibir algún curso tiempo después. Así que lo primero que hice al terminar la carrera fue trabajar en prácticas en Telemadrid y más tarde un año y medio como cámara para el Congreso de los Diputados. Pagaban muy mal pero se trabajaba poco ya que los diputados se reunían muy poquito.
Y después a la Habana...
Sí, estuve tres meses en los que aprendí muchísimo. Más tarde decidí comprarme mi propio equipo, ya que en aquél momento el hecho de empezar como ayudante de montaje era muy difícil y se tardaba mucho en ser montador, así que me tiré a la piscina y decidí comprarme mi propio equipo. En aquel momento pillé un buen momento de transición en el que salían los primeros Avid y decidí comprarme uno y tirar por mi cuenta. Decidí empezar como montador sin pasar por los pasos jerárquicos que había que dar.
¿Habías trabajado mucho como montador?
Había trabajado en moviola en los talleres del Círculo de Bellas Artes. Montaje con edición lineal lo había hecho tanto en la facultad como vídeos industriales para empresas.
¿Resultó difícil comprarte la máquina?
Sí, porque la máquina entonces valía una barbaridad, casi veinte millones del año 1994. Yo evidentemente no tenía ni un duro y tuve que pedirle a mis padres que me abalasen. Fue un riesgo, pero estaba claro que tenía que intentarlo. Me compré un Film Composer y con eso empezamos.
¿Lo aconsejarías?
No, pero lo entendería. Esta manera de actuar tiene muchas ventajas pero también muchos inconvenientes. El problema es que ser ayudante y auxiliar no es muy recomendable ya que se necesitan muchos años para llegar a montador, eso sin embargo tiene una ventaja muy grande, ya que, pese a que se tarda más en llegar a montador tienes el apoyo y el entrenamiento de esos montadores para los que trabajas. Tampoco creo que mi camino salga siempre bien, porque la verdad es que echando la vista atrás, me la jugué pero bien y podía haber acabado mal la historia. Lo mío tiene la ventaja de poder montar desde el principio, pero el inconveniente de no haber aprendido de nadie y tardar más en conseguir aprender.
¿Qué es necesario, a tu parecer, para poder ser un buen montador?
Lo primero es tener conocimientos bastante amplios, no solamente de toda la profesión en general, sino conocimientos aplicados al montaje y hacerte preguntas del tipo: ¿cómo funciona la máquina, la tecnología, la moviola, Avid, vídeos?, ¿cómo manejarse con el medio?. Yo puedo saber el resultado final de la película, pero también saber con quién tengo que hablar en el laboratorio, como relacionarme con ellos, etc... Es decir, hay que aprender bien el lenguaje. Todo ese tipo de preguntas las tuve que aprender un poco a la fuerza. Y por último y lo más complicado (aunque parezca lo más sencillo) es aprender montaje. Si quieres ser montador lo fundamental es ver mucho cine y mucha televisión. Se trata de conocer lo que han hecho los demás y practicar sin descanso. En la actualidad lo bueno es que los nuevos sistemas de edición lineal son muy baratos y están más al alcance de todos, te permite practicar en casa a todas horas.
Una vez con el equipo ya montado, comenzaron a llegar trabajos.
Sí, pero eran trabajos meramente alimenticios. Había que pagar el leasing de la máquina y llegó una época en la que prácticamente hacíamos de todo: video-arte, vídeos industriales, muchísimos cortometrajes, spots...
¿Qué tal la experiencia con la publicidad?
La publicidad está muy bien porque da dinero. Si alguien quiere dedicarse a esto para ganar dinero, entonces tiene que dedicarse a la publicidad. Mi problema con los spots es que me coincidían los trabajos publicitarios con alguna película y claro, no podía abarcarlo todo. Aún así yo preferí dedicarme al cine, en el que también ocurre eso. O no llega ningún trabajo en un momento determinado o te llegan todos a la vez y claro, debes elegir. El problema es cuando te ocurre entre dos amigos.
Trabajaste también en televisión...
En televisión no he hecho mucho. Alguna serie. La televisión tiene un ritmo demasiado frenético y a veces no es que ya no te de tiempo ni a reflexionar para poder realizar el montaje, sino que a veces no te da siquiera tiempo ni a terminar en la fecha prevista. Una de las series más conocidas que hemos montado fue Famosos y Familia y la verdad es que lo pasamos muy mal haciéndolo debido precisamente a eso, al ritmo loco que tienen las series de televisión. Yo me lo pensaría mucho antes de volver a trabajar en televisión.
¿Cuáles fueron tus primeros trabajos cinematográficos?
Lo primero que hice fueron cortometrajes en cine. El primer corto que yo monté se llamaba Luismi, de Norberto Ramos del Val. A partir de ahí hacía todos los cortos que podía. Hasta que llegó la primera película que la comencé a montar como al año y medio de mi trabajo en cortometrajes. Se llamaba Zapico y llegó a estrenarse y era una película muy curiosa.
¿Notas mucha diferencia a la hora de montar entre el corto y el largo?
La verdad es que ahora ya no hay tanta diferencia. La mecánica de producción suele ser la misma, salvo por el presupuesto. En cuanto a los largos la duración tiene que ser más o menos estándar. Una hora y media u hora y tres cuartos. Si se cae una secuencia o una secuencia no ha salido bien, no se nota tanto como en los cortos, que, pese a tener una duración más o menos libre, si una secuencia falla, puede afectar a todo al corto y eso claro, tiene una dificultad. Es decir, lo que no puedes hacer es tener diecisiete minutos de tostón, sin ritmo, porque el público se te aburre ya que también el espectador va a ver el corto de otra manera a como se enfrenta a un largo. Si de diecisiete minutos, dos de ellos son flojos, pero se cargan el corto entero.
Tras el montaje de Zapico fuiste encadenando varios proyectos...
Las película que recuerdo con más cariño de aquella época fueron Mamá es boba, de Santiago Lorenzo, o de Nena, de Xavier Bermúdez. Para mí fue muy importante encontrarme en mi vida con el director Chema de la Peña, con el que comencé montando los cortos y más tarde su primera película, Shacky Carmine, producida por Fernando Colomo. Tuve la suerte de que en aquél momento Fernando Colomo estaba buscando montador y me llamó para montarla.
A raíz de eso una estrecha colaboración con Fernando Colomo.
En efecto, a partir de ahí trabajé con Fernando en sus dos últimas películas Al sur de Granada y El próximo oriente y ahora estoy con Rivales, en proceso de rodaje.
¿Qué te parece la iniciativa de Cinemavip?
Muy buena, sobre todo porque lo más difícil es encontrar a gente con la misma ilusión y poder compartirla es fantástico.
¿Qué consejo le darías a alguien que está empezando?
Si puede intentar buscar trabajo de montador, de ayudante o auxiliar con alguien que está en el medio. Que se forme todo lo que pueda. No existe la fórmula mágica. También hay que ser pesado, pero con cierto tacto. Eso demuestra interés. Perder la vergüenza y practicar mucho en casa.
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