
TV, series, producciones

Estos días he estado muy liada, primero por un viaje de placer y luego por uno de trabajo. La cosa es que llevo más de 15 días sin encender la tele. Si esto te pasa en verano pues no lo notas, es más, lo agradeces, pero en este momento me siento como si me hubieran descongelado después de unos años de hibernación. Siento que estoy totalmente fuera de juego, no me entero de nada y lo peor es que me ha ocurrido en el mes en el que todo comienza. No sé quiénes son los elegidos para Factor X, no tengo ni idea de lo que es eso de lo que todos hablan llamado Por qué no te callas. Y lo peor de todo es que veo Gran Hermano desde la barrera y por primera vez siento todo eso que sienten todos sus detractores.
Ahora puedo elegir si me quedo definitivamente fuera o si cojo fuerzas y salto a la comba. Gran Hermano visto desde fuera es lo peor. Incluso para una fan. Solo he visto unos minutos y no puedo con ello. Sin embargo hay un momento en que uno pasa a estar enganchado. La cosa es que yo en este momento debería hacer un esfuerzo por conseguirlo pero no sé si quiero. En este momento tengo las riendas de la situación, puedo elegir perdérmelo para siempre o engancharme y entonces ya no me parecerá una basura, sino el entretenimiento chabacano y divertido de siempre. Qué paradoja ¿eh?
Podría mentir, podría contar lo tranquila que es la vida sin tele, lo mucho que uno hace en todo ese tiempo en que no la ve, pero no lo voy a hacer. Porque no concibo la vida sin tele. No ver la tele sólo sirve para que te sientas estresada por todo aquello que te pierdes, que no puedes recuperar, y que necesitas ver para poder hablar con la gente y sobre todo para entender todo aquello que se dice en los blogs.
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