
TV, series, producciones

Me parece encomiable el esfuerzo que está haciendo TVE con los Juegos Olímpicos. Cualquier amante del deporte debe estar agradecido aún reconociendo que se les podía haber dado más cancha a algunas modalidades más minoritarias. Entre los aciertos se encuentra ese viaje temporal que nos ofrece el canal público cuando temeroso de perder audiencia decide no aclarar si lo que está emitiendo es en directo o en diferido. Cierto es que basta calcular la diferencia horaria con China para saberlo en algunos casos, pero más fácil se me intuye un simple cartelito en uno de los ángulos superiores. Bromas aparte, me gustaría destacar mi particular descubrimiento del despliegue de TVE en la figura de Ernest Rivera, el presentador de Conexión Pekín (programa-resumen de la jornada olímpica y que la tele pública ignora en la parrilla de su propia web). Ahora que los rostros jóvenes y desenfadados inundan las pantallas, encontrarse con un profesional que sabe (transmitiendo pasión) de lo que habla es muy gratificante.
Pero toda moneda tiene dos caras. Y el reverso de la de Rivera es Fernando Romay. Alguien le debió decir alguna vez que era gracioso y simpático y el ex-baloncestista hizo de ello su modus vivendi. Así paseó su cara bonachona y su cuerpo imposible por todo aquel lugar que le reclamase fuera un concurso de baile, un programa de variedades o un anuncio, hasta que al lumbreras de turno, y amparándose en su pasado, se le ocurrió que fuera comentarista de partidos de basket.
Tal vez desconozca Romay que cuando la televisión decidió copiar de la radio la figura del experto comentarista, para enriquecer las retransmisiones deportivas, buscaba un plus para que el espectador viera más allá de la simple competición. Para oír los miedos ante un acercamiento del rival en el marcador, para quejarse de la actuación arbitral, para soltar chascarrillos sin gracia, todos tenemos al lado del sillón a algún familiar o amigo.
El partido España - China fue el más claro ejemplo de lo que nunca debe hacer un comentarista. Con el marcador apretado, servidor esperaba que Romay nos contara las posibles variantes tácticas, la manera de afrontar un momento tan difícil y de paso nos ilustrara con ejemplos históricos. Lejos de ello, el ex-baloncestista bailarín se pasó todo el final explicando lo tenso que estaba ante el resultado incierto del partido. Justo igual que mi hermano mayor con el que estaba viendo el encuentro.
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