
TV, series, producciones
Paradojas del destino. La misma semana que Telecinco finiquita Aquí hay tomate, cierran la persiana (dicen que hasta primavera) de Caiga Quien Caiga. Puede pensarse que en la ilógica de una ley no escrita es lo más justo. Si cae un programa basura, tiene que caer otro mordaz. Algo preocupante tal y como anda el panorama televisivo español, pero imagino que tranquilizador para los responsables de programación de la cadena amiga. Y es que una vez más, ha quedado de manifiesto lo mal que llevan que algunos productos suyos aúnen calidad y audiencia. En cuánto eso ocurre (y no lo digo sólo por los chicos de negro, pienso también en Camera Café), los marginan a horarios imposibles y a periodicidades más excéntricas que la de la Superpop.
Caiga Quien Caiga creo que ha sufrido el mal del buen amigo. Ese que sabemos que siempre está ahí y nunca lo valoramos. El programa ha sabido reponerse a unas cuantas crisis (su interrupción inesperada en los tiempos de Wyoming, la renovación de sus colaboradores, la marcha de Arturo Valls,…) y siempre ha aprobado con nota. Es más, creo que en estos momentos contaba con reporteros de auténtico cum laude.
¿Quién se acuerda de Sergio Pazos o Tonino? ¿Quién echa de menos a Sergio Caballero o al mismísimo Pablo Carbonell?. Yo no. Los nuevos reporteros también han corrido detrás de los políticos o de la gente del cine, pero además, han iluminado sus reportajes con fina ironía y un catálogo de recursos que no existía en otras temporadas. Valga de ejemplo, la frase que Juan Ramón Bonet (Juanra) soltó, sin dejar de sonreír y mientras se hacían una foto, a la ministra Magdalena Alvárez: “Me he quedado antes yo sin trabajo que usted”.
Gonzo, Maldo, Castelo , Eugeni (que debería, si vuelven, rebajar el tono sexual de sus ocurrencias, más por repetitivo que por ofensivo) y Fran (salido de un casting y desaparecido en las últimas entregas) han convertido Caiga Quien Caiga casi en un programa de arte y ensayo, refugiado como los grandes (Buenafuente, Muchachada Nui) en horarios intempestivos y lejos de aquel monstruo que fue, que esponsorizaba cd’s de soul o tenía corresponsales allende los mares. En el estudio, ni Manel Fuentes ha podido hacer olvidar al Gran Wyoming, ni Leo Rivera a Arturo Valls.
¿Cuál será el futuro del programa? Dicen que volverán después de las elecciones. Una incertidumbre que afecta doblemente a sus reporteros. Por un lado, por la inseguridad laboral que conlleva. Por el otro, por la maldición que parece perseguir a casi todos (Wyoming, Arturo Valls, Toni Garrido o Christián Gálvez serían honrosas excepciones) los que un día vistieron ese traje negro.
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