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“Controlar el ritmo es cuestión de intuición y sentido común”
Miguel Doblado, montador de cine y televisión. Paralelamente a sus trabajos de montaje en muchísimos cortometrajes, ha desarrollado la tarea de ayudante de montaje en multitud de películas. Actualmente es el responsable de montaje de la serie de Antena 3 TV “Física y química”. Miguel nos cuenta su experiencia en este campo.
¿Cómo has llegado a esto?
De pequeño me gustaba mucho el cine y veía muchísima televisión. Al terminar el instituto tuve que decidir qué iba a estudiar y comencé la carrera de Imagen y Sonido porque lo que más me gustaba era el cine. Todo lo que hacía siempre en la facultad estaba prácticamente enfocado al cine. Así que, estudiando en la facultad, me enteré de que había una escuela en Madrid donde se podía estudiar cine, la ECAM, y empecé a prepararme las pruebas. No aprobé la primera vez, pero al año siguiente volví a presentarme y me admitieron.
¿Cuándo te diste cuenta de que querías ser montador?
En la facultad, por ejemplo, comencé a fijarme en el montaje como herramienta de lenguaje cinematográfico. Tiempo más tarde me di cuenta de que lo que realmente me gustaba, el proceso que más me interesaba, era éste, más que el trabajo con los actores o escribir un guión.
¿Cuándo comenzaste a montar?
Durante mis estudios de Imagen y Sonido. Una vez que tuve claro mi camino, empecé a montar. En los trabajos que allí realizábamos, uno se encargaba de la dirección, otro de la cámara y yo siempre me encargaba del proceso de montaje. También hacía, aparte de esos trabajos, cortometrajes fuera de la facultad. Eran de todas maneras trabajos muy caseros.
¿Cómo fue la experiencia en la Escuela de Cine?
La experiencia fue positiva. Tuvo también cosas negativas, como todas las escuelas, claro. Pero es cierto que te da la posibilidad de estar en contacto con personas de la profesión y aprender de ellos y sobre todo de enseñarte un poco cómo va a ser el trabajo fuera de ahí. Lo más positivo ha sido conocer a otros alumnos incluso de otras especialidades, porque, aparte de lo que te pueden aportar, en un futuro son los que más cuentan contigo para cualquier trabajo.
¿Realizabas alguna actividad paralela a tu formación académica?
Tuve la suerte de montar muchos cortometrajes de personas que estaban fuera del ámbito de la Escuela de Cine. Una vez terminados los estudios realicé varios trabajos para televisión hasta que comencé a trabajar como ayudante de montaje para varios montadores, como David Pinillos o Buster Franco. En aquella época me hice como quince películas como ayudante de montaje.
¿Qué tal la experiencia como ayudante de montaje?
Es complicado vivir de ayudante de montaje en cine en este país porque normalmente solamente estamos contratados durante el periodo de rodaje y luego, dependiendo del acuerdo al que llegues con la productora, varias semanas más para los procesos finales y de supervisión. Como ayudante, no tienes trabajo asegurado durante todo el año. Por ejemplo, contando con poder hacer tres películas al año, son seis o siete meses de trabajo. El resto del tiempo lo empleas casi siempre en otro tipo de trabajos de montaje, en mi caso, en televisión, en realities, documentales, alguna serie...
¿Qué películas te resultaron más interesantes de hacer como ayudante de montaje?
De las últimas me gustó mucho “Salir pitando”, que es una película compleja a nivel de postproducción, ya que tenía muchos efectos y secuencias rodadas con varias cámaras. Aparte, fue interesante porque fue una coproducción con Columbia y había cierta exigencia en la producción. También destacaría “Oviedo Express” en la que hice también la coordinación de postproducción y fue una película con una factura bastante buena. También destacaría “Vete de mí”, de Víctor García León.
¿Qué diferencias más notables encuentras en el trabajo entre dos películas tan distintas como son “Vete de mí” o “Salir pitando”?
En efecto, son películas muy diferentes. En ambos casos fui ayudante de montaje, pero supongo que, como montador, me resultaría más complicado montar una película como “Vete de mí”, donde se improvisaba mucho en rodaje. En estos casos, el montador tiene que estar siempre atento a los momentos en los que el director, Víctor en este caso, le da rienda suelta a los actores, y analizar estos momentos con él para llegar a crear una estructura que quizás al principio no está del todo clara.
Quizás “Salir Pitando” es más convencional a nivel de estructura...
Sí, en el caso de “Salir Pitando”, quizás tienes ya una línea de estructura marcada indicándote por dónde tienes que ir, pero que por otro lado, tiene la dificultad de conseguir que el público responda con más precisión a los gags o a los puntos de giro. La propuesta de “Salir Pitando” es no obstante muy interesante al no encorsetarse en la precisión que requiere ese tipo de comedia, sino que da libertad a la entrada de un tipo de humor menos convencional, más de miradas o silencios.
Como montador, ¿hasta qué punto te controlas para no perder en algún momento del proceso el sentido del ritmo?
Realmente es algo complicado... Para controlar el ritmo no hay criterio ni hay fórmulas, es más una cuestión de intuición y de sentido común. Porque montar las secuencias es un trabajo diario que se va aprendiendo con la práctica y viendo mucho cine, pero el ritmo total de un trabajo de dos horas es realmente lo complicado y es algo que hay que determinar conjuntamente, trabajando con el director.
¿Es importante para ti la primera lectura del guión de cara al resto del proceso?
A decir verdad, no es lo más importante para mí. Leo el guión con mucho interés, pero no suelo recurrir mucho a él. Me dedico a montar las secuencias y luego ya me centro en lo que es la película, que es lo que para mí manda.
¿Es muy difícil elegir la toma apropiada?
Es difícil en todas las ocasiones. En esos casos, quizás sea el criterio del director el que suele imperar.
¿Cómo es la relación con un director?
Yo, tanto como montador, como siendo ayudante de montaje, he visto siempre una relación excelente entre director y montador. De todas maneras, suele pasar que el director tiene tal cantidad de trabajo durante el rodaje, que se pasa por la sala muy de vez en cuando. El montador va haciendo su trabajo y se le suele entregar al director un DVD con lo que está ya montado para que lo pueda ver en los pocos ratos que tiene libres. Hasta después del rodaje no se encierran en la sala de montaje y es ahí cuando ambos comienzan a revisar tomas y a completar el trabajo de montaje.
Si el director llega cansado y con inseguridades, ¿es importante el apoyo psicológico por parte del montador?
Es importante, pero también hay que tener mucho tacto. Todo director está muy sensible en la etapa del rodaje y todo que le puedas decir le puede afectar. Pero es importante que el montador le indique todo en lo que pueda mejorar la película, aunque esto no es tarea exclusiva del montador.
Actualmente eres el montador de la serie “Física o Química” de Antena 3, ¿qué diferencias más notables has notado entre cine y televisión?
Al principio tenía un poco de reparo por trabajar en el mundo de las series. La impresión que tenía, es que se rodaban a un ritmo muy rápido y que el montador estaba ahí solamente para arreglar los fallos y unir los bloques. Luego vi que tenía una idea equivocada, porque al trabajar en televisión me di cuenta de que muchas series se montan desde cero, ya sean grabadas con dos, tres o cuatro cámaras. Es el montador el que arma la serie con las indicaciones que le da el script. Estoy muy contento con el trabajo que estoy realizando en la serie.
Supongo que los tiempos serán muy distintos...
Hombre, claro. Una película se rueda en siete u ocho semanas y luego tienes las mismas semanas para terminar de montarla. Una serie se graba en dos semanas cada capítulo y al día siguiente de terminar la grabación, tienes que tener ya un premontaje del capítulo. Viniendo del cine estás acostumbrado a ver todas las tomas y a darle muchas vueltas al material. En televisión, sin embargo, no puedes revisar tan bien como quisieras todo el material, pero aunque los tiempos son distintos, el resultado es muy, muy satisfactorio.
¿Tienes tiempo para seguir montando cortometrajes?
Es una pena, pero no tengo mucho. Cuando estás empezando, todo cortometraje que te llega lo montas como puedes y lo haces con mucha ilusión y muchas ganas. Una vez que empiezas a trabajar más, tienes mucho menos tiempo, además te apetece desconectar tras estar todo el día montando. El último cortometraje que monté fue “Propiedad privada”, nominado para los Goya.
¿Qué le dirías a alguien que quiere ser montador?
Yo recomendaría el paso por una escuela. Es probable que diga esto porque ha sido el camino que he seguido y me ha ido bien. Le diría que el trabajo de montador es duro, pero igualmente duro que otros trabajos. Por otro lado, montar es muy satisfactorio. Yo voy a trabajar todos los días y disfruto muchísimo de mi trabajo.
Entrevista realizada por Jorge Dantart
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