
profesiones, expertos

“La constancia es fundamental”
Actriz desde muy pequeña, es ahora mismo una de las actuales promesas del cine y la televisión en España. Acaba de rodar la tv-movie “Fago” y en cine destacan sus papeles en películas como “El juego de Arcivel” o “No digas nada”. En televisión, se dio a conocer al público en la serie “Compañeros”, pero sus últimos trabajos han sido en “La Dársena de Poniente”, “Hospital central” o “Sin tetas no hay paraíso”.
¿Cómo has llegado a esto?
Yo empecé estudiando ballet clásico en el Conservatorio y di clases con Víctor Ullate. Desde siempre supe que esa era mi vocación. El problema vino al cumplir catorce años, cuando tuve una lesión en el cuadriceps que me iba a imposibilitar bailar. Yo era una niña hiperactiva y no quería dejar de hacer cosas.
¿Cómo fue la experiencia de haber estudiado con Víctor Ullate?
Yo empecé con Víctor cuando salí del Conservatorio. Aprendí muchísimo de él, pero sobre todo, yo destacaría el haber aprendido lo importancia de ser constante en el baile. Aprendí que si realmente quieres alcanzar una meta, tienes que trabajártela muy duramente y a diario. De hecho yo, aparte de haberme dedicado a esto en cuerpo y alma, también he estudiado la carrera de Historia. Todo eso ha sido gracias a la constancia. También he sido siempre una chica muy activa. Me gusta aprender todo lo que puedo, me gusta el piano, tengo muchas inquietudes.
¿Cuáles fueron tus actividades a partir de la lesión?
Bueno, al principio, comencé a apuntarme a algunos cursos de teatro que conocí a raíz de los padres de una amiga mía, ya que eran actores de doblaje y conocían el medio. Cuando empecé a asistir a estos cursos comencé a planteármelo todo con un poco más de seriedad, y le comenté a mi padre la posibilidad de asistir a castings. Quería saber si valía o no valía. Mi padre vio la confianza que tenía en mi misma y en las posibilidades que me dio un listado de agencias, de representantes y cosas así. Todo esto fue hace doce años. En aquel momento había muchos menos niños que se dedicaban a la interpretación y los padres muchas veces eran cuestionados por ayudar a sus hijos a entrar en la profesión.
¿Cuál fue la reacción de tus padres?
Mi padre decidió jugar a mi favor, no sé si para bien o para mal, pero gracias a él estoy dedicándome a esto. Mi madre, por su parte, también estaba de acuerdo ya que le habría gustado ser bailarina y no pudo... quizás algo de vocación frustrada. Por eso tenía mucho miedo de cortarme las alas como se las cortaron a ella, entonces, al verme con tantas ganas pensó que debía tener la oportunidad de intentarlo y que se me pasaría en los primeros castings, al darme quizás alguna negativa. De hecho, no me cogieron en los tres primeros castings.
¿Y se te pasó?
En absoluto. Hice exactamente cincuenta y cuatro casting.
¿Cuál era tu motor para continuar?
Yo siempre me quedaba en la final, pero nunca llegaba a ser elegida. Eso también ocurre mucho. Recuerdo que siempre me decían algo así como “no, está entre tú y otra chica...” y al final siempre elegían la otra opción. Aún así, al final todo comenzó a surgir. Llevo catorce años trabajando y haciéndolo como actriz. Afortunadamente no he tenido que trabajar hasta ahora en otra cosa, aunque tampoco pasaría nada. De todas maneras, en aquél momento recuerdo que llegué a estar hasta en diez agencias. Me llamaban generalmente, en un principio, para publicidad, como modelo adolescente.
¿Qué trabajos hacías en aquella etapa de publicidad?
Un poco de todo, anuncios para maquillajes, moda para adolescentes, también una campaña como bailarina. Así, mientras me iban saliendo estos trabajos podía permitirme el lujo de seguir presentándome a todos los casting que te he comentado antes.
Y entonces llegó el primer trabajo en ficción...
En efecto, tras esa época realizando publicidad por fin dejé de ser la finalista y me salió un pequeño papel para la serie de televisión de Antena 3, “Menudo es mi padre”. A partir de ahí fui desencadenando trabajos y acabé llegando a la serie “Compañeros”.
¿Qué supuso para ti entrar en una serie de televisión como “Compañeros”, con todo el éxito que tenía en aquél momento?
Fue muy duro. Fue a raíz de esa serie cuando me di cuenta del peligro que tiene el hecho de entrar a trabajar en televisión tan joven en una serie de tanto éxito. Pese a que agradezco el hecho de que mis padres me apoyasen, no me parece lo más apropiado. Porque la fama en televisión es muy peligrosa si no tienes muy claras las ideas. Fue una época en la que, de un día para otro, me convertí en una cara muy popular y llegó un punto en el que casi no podía salir de casa.
¿Cómo te afectó la fama?
La fama afecta tanto al tenerla como al dejar de tenerla, y eso es lo que me ocurrió en “Compañeros”, que de no poder salir a que nadie te reconozca. En un adolescente es un cambio muy difícil. Yo noté el peso de “Compañeros”. Esa serie te abría muchas puertas, pero también te las cerraba. Lo llevé bastante bien. Intenté tener los pies en el suelo en todo momento.
¿Crees que todo eso puede llegar a inmiscuirse en tu trabajo?
A mí, afortunadamente, no me ha pasado. También tuve la suerte de no ser protagonista. Estuve a punto de serlo, pero me quedé en un papel secundario. Eso me vino bien para poder continuar con mis estudios y también me hizo llevar una vida normal paralela al trabajo, que me hizo saber diferenciar lo uno de lo otro.
¿Qué diferencias encuentras entre el formato televisivo y el cinematográfico?
Cada vez noto menos diferencia, porque ahora mismo muchas series se ruedan con una cámara o dos y en los rodajes cinematográficos se está empezando a rodar con dos en vez de con una. Al principio, en algunas películas, tenía una o dos semanas de ensayos, ahora cada vez tengo menos días de ensayo, algo que es muy parecido a la televisión. Ahora acabo de terminar una película para televisión, “Fago”, que se ha rodado a un ritmo muy similar al de las series de televisión que se emiten actualmente.
¿Cuál es tu experiencia en teatro?
He hecho tres obras. Ahora hace años que no hago, por el trabajo en cine y televisión. De las tres destacaría “Fulgor y muerte de Joaquín Murita”, de Pablo Neruda, con la que ganamos un premio de la Comunidad de Madrid e hicimos gira. Yo he estado a punto muchas veces de hacer teatro, pero me ha ocurrido lo mismo que en televisión, que he sido finalista muchas veces.
De tus trabajos en cine cuál destacarías.
En cine destacaría “El juego de Arcivel”, dirigida por Alberto Lecchi, que es una coproducción con Argentina y otros países. En el reparto éramos ocho actores, siete hombres y yo, que hacía de la hija de Darío Grandinetti. Donde tuve la oportunidad de trabajar al lado de Juan Echanove, Juan Diego y Vladimir Cruz, entre otros. En esa película aprendí muchísimo y tengo que agradecer a Darío Grandinetti el apoyo que me dio durante todo el proceso. Fue uno de los mejores compañeros con los que me he topado y que me dijo una de las frases que más me han servido para entender la importancia del compañerismo delante de la pantalla: “Si yo estoy que te cagas y vos estás como el orto, la película es una mierda”. Nunca me han dado réplicas así. Esto me hizo aprender a ser generosa con mis compañeros. Toda la película fue un regalo.
¿Qué consejo le darías a alguien que está empezando?
Que antes de decidirlo, se ponga a prueba. Si cree que puede seguir levantándose cada vez que se caiga, que lo siga intentando, porque es una profesión muy difícil pero maravillosa.
Entrevista realizada por Jorge Dantart
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