
TV, series, producciones

¿Cuánto tiempo hace que sólo vibra cuando su teléfono móvil lo hace?
¿Cuánto hace que no se siente verdaderamente orgulloso/a y agradecido/a de tener un aparato receptor de televisión en casi cada habitación de su hogar?
¿Hace cuánto no se entristece de apagar dicho aparato tras un momento irrepetible?
Amigos, yo les diré cuánto... Seguro que bastante. Y es que, no nos engañemos, la televisión de hoy está repleta de formatos que en principio no fueron concebidos para ella, y aparte de haberse convertido en un elemento de propaganda electoral (durante estos días sobre todo) y un aparato de hacer dinero y emitir radiaciones; la televisión que tenemos hoy día no emociona ni sorprende, y lo que es peor: a veces ni gusta.
Pero todo puede mejorarse y los límites ya no los ponen unos camaroscopios pesados y ruidosos, ni tampoco la longitud de un cable.
Para nuestro regocijo interior queda saber que el límite hoy día en tv y en cine lo pone nuestra propia imaginación. Estamos pues ante un problema al que se han enfrentado todos los medios pasado el momento de la novedad... El continuo reciclaje, la continua búsqueda de la innovación, de lo fresco sin llegar a ser chabacano, de lo sutil pero evitando lo pedante, de lo exquisito, sin llegar a empalagar.
¿Creen acaso que de no ser así estaría perdiendo mi preciadísimo tiempo en compartir con ustedes estas líneas? Quizás sí, quién sabe...
Les contaré un chiste: Un médico y un periodista se reunen en un plató. Rodeados de cámaras, de un equipo técnico y de un público entregado. Un actor y director culpable de la saga española con mejor resultado en taquilla no quiere perderse el encuentro. Se sientan en una mesa y comienza la locura. Toman chupitos, le dan un repaso al planeta y tocan la guitarra.
Puede que comentado así no tenga ni p*** gracia pero les aseguro que hacía meses, por no decir años, que no se me saltaban las lágrimas por puro capricho de una emisión televisiva.
Si les digo que hablo de José Miguel Monzón y de un tal Andrés, seguramente algunos sepan por donde voy y otros crean que peco de conservadurismo. Bien, el periodista es Andreu Buenafuente, y su invitado especial, El Gran Wyoming.
La entrevista de la que hablo se produjo en la emisión número 384 del programa Buenafuente (sí, ese programa que perdió Antena 3 por retrasar su emisión día tras día con publicidad y más publicidad haciendo que la audiencia se cansara de esperar), que actualmente emite La Sexta.
Algunos tachan de esclavo del guión al bueno de Andreu en multitud de ocasiones y debo decirles que a veces no les falta razón pero que, de yo tener unos guiones tan trabajados y casi perfectos, también lo sería con gusto.
El Gran Wyoming es una proyección esperpéntica de la persona de José Miguel, que con honestidad y poca vergüenza ha sido capaz de poner en boca de éste muchas perlas televisivas y radiofónicas. Digamos que Guayo es el EGO hecho presentador.
Así, la entrada que hizo en plató, como si de un emperador romano o gran faraón egipcio se tratara, no hacía más que describir para los recien llegados quién era esa persona a la que Buenafuente había invitado a su mesa.
La entrevista fue sin lugar a dudas la entrevista que todos quisiéramos hacer. Una entrevista en la que las preguntas y las respuestas fueran simple y llanamente lo de menos... Entonces... ¿Para qué una entrevista? o mejor aún, ¿por qué llamarlo entrevista?
Si les he dicho que las preguntas y las respuestas eran lo de menos, ¿qué narices quieren ahora que les diga?
Sólo lo siguiente: Si son capaces de ver los siguientes 4 enlaces (cada uno con una de las 4 partes en las que he encontrado cortada la entrevista) sin esbozar una tímida sonrisa, vayan inmediatamente a su médico de cabecera porque algo falla.
Parte 1
Parte 2
Parte 3
Parte 4
Para finalizar esta entrada les dejaré con unas palabras del señor Monzón: "El hombre es un Dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona"
Sean felices y vean el debate definitivo esta noche si quieren ver algo completamente contrario a lo que les estoy mostrando aquí.
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Tienes razón... divertidísimo!!! Buenafuente no me gusta demasiado pero siempre me he reído mucho con Wyoming... una pena eso de q se acaba su Caiga quién caiga... era un gran programa. La televisión, como la vida misma, siempre nos sorprende con sorpresas agradables como esta...
Enviado el 03/03/2008 a las 16:14 horas por rezia