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Hace menos de un año TVE estrenaba Desaparecida, una serie que a priori tenía todas las papeletas para ser tachada de oportunista porque estábamos en plena vorágine McCann. En este caso se trataba de la desaparición de una adolescente llamada Cristina Marcos cuya investigación estaba a cargo de una singular pareja de la Guardia civil. El teniente Sierra (Miguel Angel Solá) y su ayudante, la Sargento Laura (Esther Ortega).
El público apostó por la historia y el piloto fue visto por casi un 18% de share. Un par de semanas después perdía 3 puntos. La cuestión es que las críticas eran estupendas. A la gente le gustaba la historia, los actores estaban demasiado bien, los diálogos eran buenos, el misterio enganchaba... Pero la mano negra del programador había hecho estragos. Un miércoles no se emitió y eso mata a cualquier serie. El problema es que si la serie es tan culebronesca, en cuanto uno deja de ver un capítulo pierde el hilo y se desentiende. No hubo manera de recuperar a toda esa gente que había cambiado de cadena, así que el share se mantuvo bastante más bajo de lo que la serie merecía.
A mitad de temporada el misterio de la desaparición de Cristina se convirtió en el misterio de su asesinato. Y esto no le gustó a nadie. Yo creo que si iban a matar a la chica, debían hacerlo durante los dos primeros capítulos. Es cierto que la serie pretendía mostrar la realidad de lo que pasa en España en estos casos: desapariciones, el asesino busca a la víctima con la propia familia, una prueba lo incrimina, suele ser un familiar.... Vale, se trataba de una historia "realista". Ahora bien, si era una historia realista, la serie no merecía ese final tan rocambolesco. El tío de Cristina se había declarado culpable para salvar de la quema a su propia hija, la verdadera asesina de Cristina que le tenía celos. Este final fue seguido por un 18% de share.
Pero hay que tener en cuenta que a pesar de estos altibajos argumentales la serie se sostenía por los guardia civiles. Pero sobre todo por la calidad interpretativa de un Miguel Angel Solá inspiradísimo.
Una materia prima tan rica no se podía desaprovechar así que sus creadores decidieron hacer un spin off, una serie llamada UCO que mantendría a los dos protagonistas. Con el misterio de Cristina finiquitado, la pareja de guardia civiles podía investigar cualquier caso y además estos formarían parte de capítulos autoconclusivos.
El primer capítulo de UCO se dividió en dos partes. La primera fue seguida por un 14% de share, la segunda por un 12%. ¡Era la misma historia! ¿Es que el público no quería conocer el final? La cosa es que se trataba de un atraco a un banco. ¿Os suena? Lo hemos visto en cientos de series. ¿Pero en cuantas series los atracos duran dos capítulos? Si lo mismo se puede contar en 50 minutos, contarlo en 100 no es nada bueno.
Habíamos salido de una historia de asesinatos y nos metemos ¿en un simple robo? No era muy interesante. UCO se apoya en el atractivo de su pareja protagonista, pero la clave está en la eficaz parsimonia del teniente Sierra. Entonces la trama necesita más ritmo para que todo esto funcione. La gente no quiere ver en la tele lo que ve en el telediario. Pero para esto hay que escribir ficción, hay que meter obstáculos, que los personajes se vean en problemas, que salgan, que se busquen la vida. Y no dejar en manos del protagonista todo el peso del capítulo, que aburre porque cuando él no sale en pantalla, uno desea hacer un zapping.
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