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Nunca me ha gustado Los Serrano. Su supuesto tono cómico sexista, con aires escatológicos y reivindicaciones irracionales (no entiendo esa manía de muchas comedias españolas de ridiculizar a la gente con estudios o inquietudes culturales) siempre me pareció zafio y de mal gusto. Cuando sus defensores (que curiosamente han ido menguando a medida que se han ido estrenando en nuestro país producciones americanas) alababan su humor costumbrista, de la calle y muy enraizado en el pueblo, yo optaba por callar y pensar en Tip y Coll, Gila o Eugenio.
No me considero una persona exigente. Pero sí quiero que si una serie no es buena, al menos me entretenga. Con Los Serrano ni una cosa ni la otra. Además en esta última temporada da la sensación que graban sin guiones. O que estos son improvisados a golpe de ocurrencias. Y, ojo, que sea una comedia no significa que no tenga que mantener un mínimo de credibilidad (las relaciones amorosas y los sentimientos del personaje de Antonio Resines no superarían el corte de un coordinador de guiones, mínimamente, exigente) lo que nos cuenta.
Ver un capítulo de Los Serrano es asistir a un concierto de onomatopeyas, gritos, muecas, frases y situaciones repetidas, movimientos artificiales de dibujos animados y a una trama que se podría saldar en veinte minutos y dura más del doble. Sin duda, acertaron cuando le ofrecieron un papel secundario a Leo (Operación Triunfo, Supervivientes), máximo exponente de esa escuela interpretativa.
Pensaba el otro día en los motivos por los que, por ejemplo, Natalia Verbeke, hubiera podido aceptar su participación en la serie y yo mismo me contesté. Apenas tiene que memorizar frases; su papel se repite semanalmente, eso sí cambiando el personaje que queda seducido por ella; así pues debe limitarse a pasear delante de la cámara, enseñar escote y combinar caras de felicidad ausente y de soledad no deseada. Fácil y bien pagado.
Otra cosa que me "fascina" de la serie es la facilidad que tiene para fagocitar personajes. Si dejas de ver un mes Los Serrano, cuando vuelves a ella, compruebas que no hay rastro de algunos de ellos y que han entrado en escena otros más inverosímiles, si eso fuera posible.
El tratamiento que dan a las historias de los más pequeños no da lugar a la broma. Recuerdo un casting que hicieron los chicos para buscar vocalista para su grupo (hace una o dos temporadas) y tuve que apagar la tele, esperanzado, con que al día siguiente algún organismo de protección del menor interviniera. Por supuesto, no sucedió.
Los Serrano habita en un estado comatoso que sólo unos jamones caducados despachados en la taberna y que provocaran un contagio masivo en el barrio (muertes incluidas), lo sacaría de su letargo. Mientras esto ocurra, el coma y la caducidad seguirán siendo señas inconfundibles de la serie.
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Los Serrrano, tuvieron su momento al principio, pero en serio lo que no se es como siguen y siguen y siguen, es estar siempre dándole vueltas a lo mismo el guión es de lo más repetitivo. Saludos...
Enviado el 19/03/2008 a las 11:42 horas por troncha